Este sitio web utiliza cookies propias para mejorar la experiencia de navegación y de terceros exclusivamente para recoger datos de análisis. Si continúa con la navegación significará que acepta y está de acuerdo con su uso. Más información
Aceptar
Paternidad, muerte y asombro: un texto de Antonio Ayuso

¿Qué tienen en común la paternidad y el universo? Antonio Ayuso, autor de Una apacible turbulencia, exploró esta pregunta en un texto especial que escribió para nuestra newsletter.

Ya le habías leído con mil voces distintas 'Este conejo pertenece a Emily Brown', le habías dado un masaje, habías dibujado nubes y punteado estrellas en su espalda, habías notado cómo su cuerpo pequeño se apretaba al tuyo en la oscuridad a medida que se quedaba quieto entre las sábanas. De hecho, ya no estabas: habías conseguido salir de su cama y estabas recogiendo la cocina.

"Papá, me ha entrado la muerte y, no sé qué pasa, pero hoy no se me va".

Te ha llamado desde su cama y al volver a su lado no puedes ni abrir la boca. Tu hijo espera una respuesta. Algo para comprender. Para convivir. Para seguir.

¿Qué haces si no te sale nada? Ni una palabra. Te quedas a su lado y le acaricias el pelo. Él también calla.

Al día siguiente la sensación sigue ahí. Es confusión. Impotencia. Tristeza. Rabia. Con el tiempo parece que se desvanece pero el domingo por la noche te vuelve a llamar y tú otra vez solo puedes sentarte a su lado en silencio. La sensación no se va. Te la llevas a la cama y ahí está al despertar.

Te puede entonces dar por pensar qué hacías tú con la muerte cuando tenías su edad, o qué has hecho con ella hasta ahora. Dónde has buscado las respuestas y a qué preguntas. Intuir por dónde han ido tus aciertos y tus errores. Empezar a saber qué te falta y qué te sobra. Y lo quieres contar, claro. Para ti, sobre todo. Pero también para otros, por si ayuda.

¿La ciencia se ha comportado como esperabas? Desde luego que no y que sí. Qué es belleza y qué no lo es. Y entonces qué más hay, qué ha sido la muerte para ti y qué es ahora, cómo convivir con ella, cómo interpelarla, cómo tenerla a mano (mejor cerca que lejos). Y cómo influye en todo esto la belleza, el conocimiento, la ciencia, el pensamiento, la frescura, el arte y, más que nada, el amor.

Hoy sí tengo palabras para mi hijo. Y para mí. Las páginas de Una apacible turbulencia son el relato de una búsqueda. Puede que te interesen. Puede que mis consuelos sean los tuyos.


Este texto llegó a los suscriptores de nuestra newsletter hace unos días. Si tú también quieres recibir contenido exclusivo de nuestros autores ¡suscríbete aquí!

Compartir en

Autor relacionado

Suscríbete a nuestra newsletter