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Lucía Solla Sobral nos habla de su honesta y punzante novela debut, «Comerás flores».

Hablamos con Lucía Solla Sobral (Marín, 1989) de su novela debut, Comerás flores, una historia que indaga en los espejismos del amor.

¿Cómo nace el libro?

Esta novela nace de la necesidad de hablar del maltrato psicológico con honestidad, sin idealizar a la víctima ni caricaturizar al manipulador. Quería mostrar que, en este tipo de relaciones tóxicas, no solo hay miedo: también hay culpa, pena y rabia. La relación entre Marina y Jaime, protagonistas de Comerás flores, es una suma de experiencias propias y de vivencias que me han confiado amigas y conocidas a lo largo del tiempo. También quise hablar de desigualdad, de amistad y de ese duelo que atraviesas cuando pierdes a alguien... e incluso cuando te pierdes a ti misma.

¿Te costó encontrar la voz de la narradora de esta historia?

La voz de Marina me resultó fácil de encontrar: es una voz contagiosa, cercana y llena de lirismo. No quería conformarme con los lugares comunes; quería que las palabras se moldearan a lo que siente Marina, para que el lector pudiera sentirlo con ella. Sabía que no todo el mundo entendería por qué se enamora de Jaime, por qué permanece a su lado a pesar de todo. Por eso quise recurrir a imágenes intensas, que rompieran cualquier lectura automática. Porque Marina no solo se enamora de Jaime: lo huele, lo saborea… y yo quería que el lector pudiera empatizar con esa experiencia.

Háblamos más de Marina, su protagonista.

Conocemos a Marina poco después de la muerte de su padre. Está desubicada, sin saber muy bien qué hacer con ese dolor. Aparentemente está bien: le gustaría vivir sola, pero acepta mudarse con su mejor amiga para ayudarla con el alquiler. No le gusta su trabajo, pero con veinticinco años ya ha dejado de intentar dedicarse al periodismo musical. Le gustaría hablar más de su padre, pero asume el silencio de su familia. Marina se ha acostumbrado a pasar desapercibida… hasta que conoce a Jaime. A su lado cree encontrar todo lo que necesita, pero poco a poco acaba aislada y dependiendo de él para casi todo. Marina tendrá que madurar para comprender qué está ocurriendo en su vida y qué está dispuesta a perder con tal de mantener esa relación.

Y de Jaime, su pareja. ¿Qué tipo de relación tiene con él?

Jaime es un empresario carismático, veinte años mayor que Marina. Posee un gran capital cultural y social, y parte de su atractivo reside en saber qué ofrecer a cada persona. Consigue que esa persona se sienta única en su mundo. Marina, adicta a esa sensación, no solo se siente especial a su lado, sino que también descubre un universo que, sin él, le resultaría inaccesible: vivir en la casa de sus sueños, cenar en restaurantes caros y llevar una vida adulta sin precariedades. Jaime está dispuesto a darle todo, y ella se deja querer.

¿El amor nos ciega?

Especialmente cuando estamos en un momento vulnerable. Marina está de duelo y se sumerge en una relación urgente —y también tóxica— que le permite llenar ese vacío de forma inmediata. Este tipo de relaciones también nos ciegan cuando convertimos el amor romántico en nuestra meta final, cuando lo único que buscamos es vivir esa experiencia, ese subidón. A veces, dejamos de lado a nuestra familia y amigos, e incluso nos dejamos de lado a nosotros mismos. Lo hacemos porque, al centrarnos en una relación así, cubrimos —o evitamos enfrentar— otras necesidades. En el caso de Marina, lo que hace, en realidad, es huir de su propia vida.

¿Necesitamos más relatos que rompan con el mito del amor tranquilo, el amor aburrido?
Hemos crecido rodeados de relatos que nos dicen que el amor es el objetivo y la solución. Marina cree que la respuesta a su dolor —y al tedio que sentía antes de conocer a Jaime— está en un amorque la ocupe por completo. En realidad, Marina no sabe cómo procesar lo que le está ocurriendo y lo entierra bajo una nueva relación romántica. Hay quienes hacen lo mismo trabajando doce horas, escalando montañas o grabando un podcast. El amor que ella busca para avanzar es también un amor capaz de dejarla sin aire. En el libro, acompañamos a Marina en su proceso de maduración, mientras aprende a escucharse, asentirse y a comprender qué significa tener una relación sana.

¿Qué obras o autores/as te acompañaron durante el proceso de escritura?

Al inicio, me acompañó la escritora Carmen María Machado con En la casa de los sueños. Su libro me ayudó a enfrentarme al texto con la mayor honestidad posible, especialmente en lo que respecta a Marina, sin emitir juicios. Marina no es una víctima perfecta, y no pasa nada. Durante la edición final, estuvo conmigo Podrías hacer de esto algo bonito, de Maggie Smith: una historia poderosa, en la que no hay espacio para el miedo. También tuve muy presentes, a lo largo de toda la escritura, las palabras de Dorothy Allison, que habla en primera persona de la violencia y del dolor. De alguna manera, todas ellas me ayudaron a entender a Marina y, al mismo tiempo, a entenderme a mí y a amigas y conocidas: ¿por qué permanecemos en relaciones desiguales, tóxicas o incluso abusivas? Por muchos motivos, lo importante es no juzgar a nadie, sino intentar entender.

Lucía Solla Sobral vive actualmente en Oviedo, donde ha creado y coordinado desde 2022 el Club de las Letras Salvajes. En 2023 fue seleccionada en la Residencia Literaria de la Cidade da Cultura de Santiago de Compostela, dirigida por el escritor Javier Peña.


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