La prensa dice

22 sep
2010

Y los platos por fregar, por Isabel Gómez-Melenchón

Otro posible título para esta crítica podría ser el ya célebre ¿Qué hecho yo para merecer esto?,que condensa la filosofía de esta novela sobre un ama de casa desquiciada, un punto pija pero tan desbordada como la que más, tanto que cuando una está leyendo más de una vez siente que le silban las orejas, y lo peor es que sabe muy bien por qué: Sue kaufman ha descrito perfectamente, salvando las distancias económicas, esa mosqueante sensación de que, por mucho que una haga, nunca hará bastante. Y que lo de la custodia compartida de las labores del hogar es de puro chiste. Y eso en realidad no hace reír

Sue Kaufman (1926-1977), nacida, criada y fallecida en la ciudad de Nueva York, colaboradora de publicaciones tan prestigiosas como The Atlantic Monthly, The Paris Review y The Sunday Evening Post,forma parte de ese elenco formidable de autoras que con mucho sentido del humor pero clavando a fondo los dientes diseccionan la vida de familia como quien corta un filete a pedacitos para un niño pequeño. Hay quien la ha convertido, con este Diario de un ama de casa desquiciada,en pionera de la novela feminista, pero nosotros simplemente diremos que su lectura es imprescindible.

La protagonista, Tina Balser. es una joven esposa y madre, casada con un alto ejecutivo tirando (bastante) a esnob y relamido y dos niñitas por las que al principio sentiremos cariño pero después bastante menos. Dispone de un estupendo apartamento en Manhattan, de una cantidad bien aceptable de dinero de bolsillo, de ayuda en la casa y también, para su desgracia, de una inteligencia fina y un sentido de la justicia innato que le hace tratar a la sirviente negra con un comedimiento y delicadezas que el bruto de su marido es incapaz de apreciar y esperar de este mucho más de lo que puede dar de sí. De donde no hay, no se saca. Y así, mientras esto va sustituyendo el beso de llegada al hogar por un "¡Otra vez asado para la cena!, y se carga de menús por teléfono de tiendas de delicatessen a la moda, ella se va deslizando por el negro túnel de los que no ven escapatoria. Los días transcurren entre encargos para la casa, actividades extraescolares de las niñas y la organización de fiestas cada vez más sofisticadas para complacer las ínfulas de su marido. Las noches, en cambio, son para el daiquiri, el vino y la ginebra, hasta que las niñas pillan la gripe y ella recibe al médico medio piripi. Esto va mal y algo hay que hacer.

La salvación vendrá de la escritura, de ese diario que la acompaña como la copa rebosante, como la universitaria amante del arte e interesada por la vida que sigue siendo pese al envoltorio asfixiante de la farsa. Sue Kaufman escribió varias novelas más, pero esta fue su culminación. Publicada en 1967, fue un éxito inmediato. Reúne todas las cualidades para seguir siéndolo en el 2010.

La Vanguardia (Culturas)