La prensa dice

19 jul
2010

Viaje a los infiernos, por Luis Matías López

Publicada en 1991 en Estados Unidos y finalista del Premio Pulitzer, Jernigan (Libros del Asteroide), de David Gates, relata la inevitable bajada a los infiernos de un perdedor cuya inteligencia poco práctica cae derrotada una y otra vez por una paralizante falta de voluntad que apenas logra ocultar una profunda abulia existencial.

Aunque se haya tachado de tragicómica a esta novela de culto hasta ahora inédita en España, poco de cómico hay en ella (su amargo sarcasmo) aunque sí mucho de trágico. Con una espléndida utilización de la primera persona, Gates recoge los recuerdos desde una clínica de desintoxicación de Peter Jernigan, un perdedor al borde de la cuarentena que vive en una barriada de segunda categoría de New Jersey.

Para llegar a esa situación crítica, ha tenido que descender, sin resistencia por su parte, por una escalera hecha de renuncias, falta de ambición, alcohol, droga, relaciones estériles, precariedad económica y mala suerte. Todo ello en el marco de un país también por entonces en crisis, donde el individuo sólo podía contar consigo mismo, la sociedad del bienestar era una utopía y era habitual que un patrón considerase generoso indemnizartras diez años de trabajo a un empleado con dos meses y medio de salario y uno y medio de seguro médico.

Jernigan no sabe sobreponerse a la muerte de una esposa a la que ni siquiera amaba, se ve envuelto sin apenas desearlo en otra relación que no sabe cuidar, se ve desbordado en sus patéticos intentos de ejercer de padre comprensivo de un adolescente tan perdido como él, es incapaz de conservar su empleo y recurre una y otra vez a la droga o la botella entre reflexiones de tono cínico, lecturas de Wodehouse y episodios de la serie Star Trek.

Calles destartaladas

Los escenarios son calles desoladas con feas casas que se caen a pedazos, interiores destartalados, restaurantes sin gracia de cómida rápida, impersonales centros comerciales y, en doloroso contraste, un naturaleza en la que "si no eras capaz de ver en un árbol pelado algo severamente hermoso, te pasabas medio año jodido, pero donde a Jernigan el paisaje no la parecía de "una severa belleza, sino "muerto y destrozado, a tono con su estado de ánimo.

"Los escritores pueden engañarnos, pero sus personajes nunca mienten, asegura Rodrigo Fresán en un prólogo que nadie debería saltarse y en el que incorpora a Peter Jernigan a una larga lista de personajes esenciales de la literatura norteamericana. Se trata de una relación en la que abundan los "miserables, especialistas en ser infelices y en contagiar la infelicidad a quienes pillen cerca.

Público