La prensa dice

28 ene
2009

Una broma de los dioses, por Sergi Sánchez

Brillante segunda parte de la ’Trilogía Cornish’, de Robertson Davies.

"El arte es la única forma posible de decir la verdad, al menos para bocas como la mía". Esta cita de Browning, pronunciada a las pocas páginas de iniciar Lo que arraiga el hueso por el biógrafo del coleccionista de arte Francis Cornish, parece definir las intenciones del canadiense Robertson Davies al recrear la rabelaisiana vida de un hombre que, haciendo gala de su mercurial inteligencia, mintió, espió y falsificó en nombre de su particular código de honor.

Curioso que, siendo el protagonista un dotado imitador de obras de arte, Davies defienda el arte como médium para decir la verdad, porque la verdad, viene a decirnos, no es más que una bella mentira. De ahí que el brillante recurso que convierte en narradores y comentaristas a un ángel y a un daimon sea más que una divertida ocurrencia: la vida de todos nosotros, como la literatura, es una broma de los dioses.

MAGIA E IRONÍA

La intervención del mundo mágico, de lo que se rige por las leyes de lo invisible, reaparece en esta obra que salta del Dickens realista al relato cómico. Apenas se notan los cambios de registro, porque Davies favorece la fusión con una prosa siempre irónica que invoca a personajes de otras novelas suyas y aspira a ser novela idealista. Digamos que en su discurso sobre el arte prefiere lo figurativo a lo abstracto, y al arte como fuente de "consuelo y exaltación" que como negocio: cuando Picasso, en la entrevista con Papini en El libro negro, reconoce que los grandes fueron Giotto, Tiziano y Rembrandt y él solo entretiene a las masas, Cornish sigue pensando que, en algún lugar, los verdaderos artistas existen, y no pintan por dinero.

Lo que arraiga en el hueso tiene todo lo que convirtió en éxito a El quinto en discordia: una trama imposible de resumir en 10 folios (no es extraño que siempre se asocie a Davies con John Irving), una sobredosis de información de todos los hábitos y colores (desde un curso de astrología saturnina hasta otro sobre el arte de embalsamar) y la creación de un personaje seductor y voluptuoso, que complementa su azarosa vida con todas las que va encontrando en su camino, componiendo un cuadro cubista que, por supuesto, ha nacido para entretener a todos aquellos que aman la palabra escrita.

El Periódico