La prensa dice

17 dic
2005

Un doloroso amor, por Miguel Sánchez-Ostiz

Suaves caen las palabras, de Lalla Romano, es un peculiar relato autobiográfico, en la medida en que trata más de su hijo que de ella misma, que, en ningún momento, queda del todo desvelada. Pero, a la vez, es un «libro de pensamiento», no porque así lo califique la autora, sino porque eso salta a la vista en el corazón mismo de la prosa en forma de opiniones, reflexiones e imágenes fulgurantes que exceden en mucho el marco concreto del relato de las espesas relaciones entre una madre activa y un hijo poco o nada común. Poco importa si las muy contundentes opiniones que salpican el relato pertenecen a la madre o al hijo; ahí están, sacudiendo al lector de su modorra.

La poderosa personalidad de la escritora italiana Lalla Romano (1906-2001), apenas conocida entre nosotros, queda en un segundo plano frente a la vida precaria y viva de ese hijo que la tuvo en un ay y con quien mantuvo, desde que él era un niño, lo que su madre califica de «larga guerra». Es más, la imagen que da de sí misma, tanto por las propias confesiones como por las pruebas documentales ajenas que aporta, es la de una madre a la caza y acecho del hijo, algo agobiante.

El hijo que aquí aparece es un inadaptado social o cuando menos alguien condenado a serlo y a chocar de manera más brusca y peligrosa que los antiguos «originales» por algún misterioso motivo, por el impulso de alguna arrebatadora fuerza interior que la madre trata, no sé si con éxito, de comprender. Es y no es un artista, es alguien que no comprende porque no puede el mundo común: vive en su envés.

La de Lalla Romano es, además, una forma original de escribir una biografía, basándose en materiales muy diversos: cartas familiares cruzadas, redacciones escritas por el hijo, trabajos escolares, testimonios de terceros entremezclados con los propios recuerdos que parecen llevarla al descubrimiento del hijo y de sus propios errores.

Hasta aquí el contenido del libro puede parecer convencional, y si algo no tiene Suaves caen las palabras es nada de convencional, dejando a un lado una escritura densa y poderosa, y el pensamiento en briznas, jirones, amagos y retrocesos que dejan el ámbito familiar en un discreto segundo plano (un pretexto). Es la historia de un doloroso amor y, como tal, no tiene, como la propia autora dice, el consuelo del sentimentalismo o de la reconciliación o de esa ternura del «todo acaba bien». Inquietante, insólito, al borde siempre de la tragedia.

ABC