La prensa dice

10 nov
2010

Un buen colegio americano, por Robert Saladrigas

En 1964 el elegante Louis Auchincloss (nacido en 1917 y fallecido en enero de 2010) publicaba una novela con el título de El rector de Justin (The rector of Justin), que durante mucho tiempo sería considerada buque insignia de su extensa producción narrativa. Lo es aún hoy -decía Monterroso que todo libro tiene su propio hado-, pese a la aparición posterior de obras tan notables como The house of the prophet o La educación de Oscar Fairfax. Cuando hace sólo unos meses Auchincloss murió en Nueva York, a los 92 años, la mayoría de los obituarios hablaban de su influyente carrera de abogado con bufete en Wall Street y, en la vertiente literaria, de que había creado la figura de Francis Prescott, el todopoderoso fundador y rector durante seis decenios de St. Justin Martyr, el más importante internado episcopaliano masculino de Nueva Inglaterra, un complejo personaje difícil de olvidar.

Aunque en términos generales El rector de Justines una novela convencional -toda su novelística guarda lealtad a las convenciones del género- sigue siendo, más allá de la trama, un interesante documento socio-moral sobre los dirigentes del poder norteamericano. Pienso que tal vez sólo Auchincloss podía escribir, por comunión de linaje, un texto de semejante naturaleza corrosiva y hacerlo creíble e intemporal. Francis Prescott es un joven formado en Harvard, sacerdote de la Iglesia episcopal, que a finales del XIX levanta una escuela secundaria en Massachusetts sobre la base del puritanismo de los primeros colonos británicos. Con el tiempo, los chicos salidos de sus aulas ocupan puestos clave de la judicatura, las finanzas y la política del siglo veinte. Después de la segunda guerra mundial un joven profesor recibirá el encargo de escribir la biografía del idealista -y deificado- Prescott, y para ello recoge los testimonios de diversas personas de su entorno. La conclusión es que el personaje, enfocado desde ángulos cruzados, se mueve entre luces y tenebrosidades, entre lo que llamaríamos la ficción y la realidad, el éxito público y el fracaso privado.

Descendiente de nobles

Pero dado que Auchincloss trataba un asunto que le era muy familiar -descendía de nobles británicos, estuvo en Groton, un elitista internado de la costa este que le sirvió de modelo para St. Justin Martyr, pasó por Yale y su larga vida transcurrió en el epicentro del poder-, no podía honestamente evitar que su novela -en la tradición de Edith Warton- destacara las profundas grietas morales de la clase que lidera la vida norteamericana, su refutación de todo ideal y el escalofriante cinismo manipulador con que transforman a ilusos como Francis Prescott, cegados por su desmedida arrogancia, en payasos a los que sólo les es concedido morir con dignidad. Puro (y cruel) realismo.

La Vanguardia