La prensa dice

14 jun
2007

Tras los parias de la tierra, por Elena Hevia

Los vagabundos de la cosecha reúne una serie de artículos periodísticos de John Steinbeck, germen de Las uvas de la ira. Fotografías de Dorothea Lange acompañan la edición.

Estados Unidos siempre se las ha ingeniado para sacarle provecho a su propia historia. De las migraciones al Oeste hizo épica y de la Gran Depresión, uno de los periodos más oscuros y dolorosos del siglo XX, poderosos dramas sociales. John Steinbeck (Salinas, California, 1902 - Nueva York, 1968) fue el fugaz cronista de los llamados hombres olvidados, la gente a la que el crash hizo perder su estabilidad de un día para otro.

Hoy poca gente lee a Steinbeck, pese a haber ganado el Premio Nobel en 1962. Un exceso de sentimentalismo lastra buena parte de su producción. Pero lo mejor de su obra sigue resonando en la contundente Las uvas de la ira, quizá el ejemplo más redondo de novela comprometida con su época. El aroma de esa obra, que retrata la migración masiva de familias de Oklahoma y Texas a California en la década de los 30, mientras por el camino ejercían como jornaleros por un sueldo miserable, ha quedado conservado y fijado en la excepcional adaptación cinematográfica de John Ford con un Henry Fonda en estado de gracia.

La prueba del algodón de la vigencia de ese relato, aupado a la mítica estadounidense junto a la carretera de Jack Kerouac o el Vietnam de Apocalipse Now se remonta a hace una década, cuando Bruce Springsteen convirtió al protagonista de aquella novela en el símbolo de su disco más austero, El fantasma de Tom Joad. Springsteen no hacía más que establecer un puente entre los abusos de denuncia contra un sistema que machacaba a los individuos con igual fruición en los años 30 y en los 90.

La buena noticia es la recuperación de Los vagabundos de la cosecha, un texto inédito hasta el momento en castellano, que puede considerarse el borrador de Las uvas de la ira. Ese librito de apenas 8o páginas recoge siete reportajes periodísticos que un joven Steinbeck escribió para The San Francisco News en 1936, aún caliente el éxito de su primera novela Tortilla Flat, sobre los campesinos mexicanos en Monterrey.

El escritor se lanzó a la carretera para ver y hablar con los granjeros víctimas de las tormentas de polvo que entre 1931 y 1939 azotaron las cosechas del Medio Oeste norteamericano, con la fuerza de un Katrina avant-la-lettre. Esos damnificados, desperdigados por los valles agrícoles de California, llegaron a ser 400.000 a lo largo de la década.

En el conocimiento profundo del problema, la ayuda de Tom Collins fue fundamental para el autor. Collins fue un activista que se dedicó a ayudar a aquellos desarraigados, y a intentar devolverles la dignidad perdida. Y de eso va en el fondo las uvas de la ira, dedicada a Collins y escrita tres años despues de que sus reportajes apareciesen en la prensa. El tono mesiánico y un punto rimbombante que impregna las páginas de la novela está ausente en estos reportajes escritos con desnuda y sobrecogedora concisión y la nada oculta intención de escribir un alegato que despierte conciencias.

Así relata Steinbeck cómo vive una familia en uno de esos campamentos improvisados que se levantaron en los campos californianos, donde no encontraron exactamente la leche y la miel prometidos: "La familia solo tiene una cama, un colchón grande y muy delgado echado sobre el suelo de la tienda. No tienen más que una colcha y una lona por toda ropa de cama. Para dormir se las apañan de un modo muy ingenioso: el padre y la madre se tumban juntos, con dos niños entre ellos, y con la cabeza en el otro extremo del colchón duermen los otros dos niños, los más pequeños. Si el padre y la madre duermen con las piernas bien abiertas, queda espacio para las piernas de los niños".

La edición de Libros del Asteroide incluye también otro puntal que ayudó a acuñar la imagen por excelencia de la Depresión. Se trata de las fotografías de Dorothea Lange, la gran cronista gráfica de aquel momento junto a Walker Evans. De todo eso habla el prólogo de Eduardo Jordá en el que defiende a Steinbeck con pasión frente a sus detractores, los partidarios de esas conquistas formales literarias que él desdeñó. "Es un gran escritor, -dice- uno de los grandes narradores del siglo XX, solo que le gustaba escribir sobre las cosas que había visto de cerca y que conocía bien".

Èxit (El Periódico de Catalunya)