La prensa dice

12 jun
2008

Ternura, por Pilar Cambra

Aunque está sobradamente comprobado que los hombres -los varones, quiero decir- también lloran, hay persistentes duda sobre la cantidad de ternura que cabe en la masculinidad... Yo he encontrado una prueba contundente, no sólo de la existencia de esa ternura, sino, además, de su profundidad: «El vaso de plata» (Libros del Asteroide, 111 páginas), del escritor ibicenco Antoni Marí. Este libro es un conjunto de pinceladas, de olores, de sabores, de travesuras y de tragedias, de amigos y parientes que provienen de la delicada memoria del autor: de su infancia y de su adolescencia. El ’cómo’ están estructurados es ya una sorpresa magnificente: en torno a las catorce obras de misericordia, las corporales y las espirituales; pero no se huya de estas páginas por temor a un endeble misticismo. Cuando Marí escribe sobre «enterrar a los muertos» o «enseñar al que no sabe» despliega todo su imbatible sentido del humor; y, también, su ternura. Sin tapujos y sin dengues. Basta leer el capítulo «Visitar a los enfermos» para comprobarlo: el vívido dolor del autor por el fallecimiento de un amigo tiene una culminación inesperada, como una sonrisa de despedida que acompañará al amigo hasta el Más Allá. ¿Cuál podría ser el origen y la razón de esa ternura?: tal vez que Antoni Martí ha desdeñado la frialdad de unas Memorias, el puro levantar acta de sucesos y personajes que fueron tejiendo su vida, y ha elegido «el recuerdo», que es algo bien distinto. Porque el recuerdo está empapado del viaje en tartana hasta la finca del abuelo, del gato salvado de un intento de «suicido» y de una visita al cementerio que termina con aires de Jardiel Poncela. «El vaso de plata» es uno de esos libros excepcionales que desearías que continuaran hasta el infinito.
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