La prensa dice

8 sep
2016

Reseña sobre "De noche, bajo el puente de piedra" de Leo Perutz en la revista Tiempo

Por Ignacio Vidal-Folch

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UNA TRAGEDIA IMPERIAL

De noche, bajo el puente de piedra, de Perutz, narra la vida exagerada de Rodolfo II.

Después de veinte años, si no me equivoco, vuelve a editarse en español, y en una edición muy elegante de El Asteroide, la mejor novela de Leo Perutz, De noche, bajo el puente de piedra.

Vienés, de etnia judía, de una familia que hasta el siglo XVII fue toledana y se llamaba Pérez, nació en 1882 en la Praga austrohúngara, donde vivió las dos primeras décadas de su vida antes de mudarse a Viena, para luego, con la ascensión del nazismo en Alemania, exiliarse en Israel, y por fin volver a Austria para morir en 1957, en Bad Ischl, que es el pueblo por cierto preferido del anciano emperador de la novela para descansar de sus responsabilidades y salir de caza...

Destino viene reeditando otras obras de Perutz. De manera que el lector al que estas líneas convenzan de leer De noche, bajo el puente de piedra, y quede, como es inevitable, bajo el hechizo de ese estilo como de fábula contada por un adulto a otro, y tenga ganas de seguir en compañía del autor al que un crítico definió como “una rara mezcla de Franz Kafka y Agatha Christie”, y Borges como “una suerte de Kafka aventurero” (lo cual está muy puesto en razón, aunque solo sea porque tanto Kafka como Perutz fueron empleados de Assecurazioni Generali –Kafka en la filial de Praga y Perutz durante un año en la de Trieste–, y por su común sobriedad lingüística y ambición intelectual, a lo que Perutz agrega las intrigas absorbentes ambientadas en épocas pasadas)... ese lector, digo, podrá seguir con El caballero sueco, y luego ya las demás fascinaciones de Leo Perutz.

El puente de piedra del título es Karluv Most, el puente Carlos de Praga, hoy profanado por millones de turistas vestidos de bufones, donde a finales del siglo XVI se anuda la trama de relaciones clandestinas entre Rodolfo II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, el rabino Loew, el prestamista Meisl y su hija, la bella Esther. Aquella fue la gran época de Praga, la Praga mitológica y misteriosa gracias a la personalidad saturnina de aquel emperador melancólico, sobrino de Felipe II y, después de él, el mayor coleccionista de arte de su tiempo y mecenas de artistas y de nigromantes, alquimistas, astrónomos y astrólogos, que arruinaba las arcas imperiales para enriquecer su gabinete de curiosidades con prodigios naturales y artificiales... Comparado con él, Luis de Baviera fue un monarca sensato, moderado y convencional.

Solo la vida exagerada de Rodolfo daría para una serie de novelas. Si la ficción le agrega los amores clandestinos con una joven del gueto y al sabio rabino Loeb, que fue el creador del Golem, y encima de todo, el estilo de un autor sensible, generoso con el lector, bendito con la gracia y la inocencia pero con sentido trágico de la existencia, que cumplidos los setenta recrea la Praga de su primera juventud, entonces aparece esta delicia que es De noche, bajo el puente de piedra.

Ignacio Vidal-Folch - Revista Tiempo