La prensa dice

Reseña de "Un paraíso inalcanzable" en La Nueva España

El paraíso puede esperar

Por Luis M. Alonso

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Un paraíso inalcanzable, del irrepetible John Mortimer (Londres, 1923-The Chilterns, 2009) es una historia de dos familias, un pueblo y sus gentes, y, si hay que mostrarse ambiciosos, un imponente fresco de la Inglaterra que desemboca en el thatcherismo. Rapston Fanner no sería lo mismo sin los Simcox, del mismo modo que The Chilterns, pese a su idílico paisaje, habrían sido otra cosa de no contar entre sus vecinos con Mortimer, abogado, novelista, dramaturgo y observador sutil de las ironías del sistema de clases británico. Un paraíso inalcanzable es una muestra de ello pero no la única de un autor prolífico que supo compaginar el éxito de su bufete criminalista con el de sus estrenos teatrales en el West End y sus aclamados guiones para la televisión. Llevada a la pequeña pantalla en los ochenta, supuso por sus cifras de audiencia un acontecimiento equiparable en el Reino Unido al de Arriba y abajo. Ninguno de los intentos que vinieron después de contar la historia de Gran Bretaña, durante los años que siguieron a la posguerra, se le puede comparar. De otra serie (Rumpole of the Bailey) sobre su personaje más popular, el abogado Horace Rumpole, se emitieron siete temporadas, de 1975 a 1992. Un paraíso inalcanzable se abre con la muerte del reverendo Simeon Simcox, un vicario anglicano de ideas radicales. Los editores de los periódicos lo conocen por sus epístolas contra el apartheid, las armas nucleares y las innumerables injusticias sociales. El reverendo y su esposa crían a sus dos hijos, Henry y Fred, con comodidad gracias a un próspero negocio familiar cervecero, en el pueblo agrícola de Rapstone, a dos horas al oeste de Londres. La pequeña localidad mantiene su jerarquía de acuerdo con las viejas tradiciones británicas: los agricultores son los aristócratas en virtud de la tierra y del apellido. Los Simcox disponen de un nombre, un patrimonio y una fábrica de cerveza. Los Strove despuntan menos socialmente pero también conservan sus feudos, y su patriarca fue durante muchos años el miembro local del Parlamento. Tory, of course.

Rapstone, allá donde el tiempo se detiene, cuenta con un abogado y un médico, un pub y un prado.Y también están los empleados de la cervecería. Las familias con posibles envían a sus hijos al internado Knuckleberries; el resto, a la escuela primaria local. Con motivo de celebrarse un nacimiento, un matrimonio o una defunción, todo el mundo asiste a los servicios del reverendo Simcox e inmediatamente regresa a su espacio asignado. Así han funcionado las cosas desde tiempos inmemoriales, pero a finales de los cincuenta algo empieza a cambiar. Muchachos ambiciosos de familias proletarias, con ganas de prosperar, reciben clases de dicción y se suman a las reuniones de los jóvenes conservadores, y las grandes familias alquilan sus casas a la industria del entretenimiento para hacer caja. El hijo mayor del vicario, Henry, emprende una carrera literaria como angry young man, encuentra el éxito enHollywood, y se convierte en uno de tantos autores fatuos mimados por la fama. El menor, Fred, asiste a la escuela de Medicina y posteriormente se reincorpora al juego local de anularse a sí mismo. Entonces el reverendo hace algo extraño dentro de su común proceder; va y se muere y, sorprendentemente para un viejo socialista como él, deja su fortuna a Leslie Titmuss, un diputado tory local con fama de trepa. La historia transcurre por la senda de la ocurrencia inteligente, con diálogos al servicio del humor y el costumbrismo sarcástico, dignos de Waugh o Kingsley Amis, por poner dos ejemplos entre los grandes escritores británicos del pasado siglo. Al igual que ellos y pese a simpatizar con el laborismo, Mortimer admiraba los conocimientos prácticos, la ironía y el desapego. Veía con tolerancia el tabaco, la caza y la religión establecida. Le encantaba el campo y odiaba los centros comerciales. Políticamente, y como se comprobó en las postreras entregas de la trilogía Titmuss –Titmuss regaigned (1990) y The sound of trumpets (1998)– rechazaba por igual a Margaret Thatcher que a sus dos sucesores inmediatos. Ridiculizaba el vegetarianismo, el ateísmo, la astrología y los movimientos en defensa de los derechos de los animales. Describía a los saboteadores de la caza como unos tipos que se lanzaban en marcha de sus camionetas para gritarles «¡asesinos!» a los cazadores, y a las chicas que practicaban equitación apagando sus cigarrillos en las grupas de los caballos, desertando de lmundo animal y pasándose al enemigo. The sound of trumpets es una cómica y maravillosa novela que clama por una traducción al español.

La Nueva España