La prensa dice

4 feb
2012

Reseña de "Trifulca a la vista" en Cuadernos del Sur. Diario Córdoba

¡Para partirse de risa!

Por Antonio Garrido

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La literatura inglesa ofrece una peculiaridad bastante significativa cuando analizamos la narrativa que tiene a las costumbres como objeto literario. No digo costumbrismo, que es siempre un arquetipo, digo costumbres, la forma de vida de una época determinada, la manera de comprender esa vida, los rituales, las formas, la estructura mental; en suma, una cosmovisión que va unida a un contexto histórico preciso. La peculiaridad es el humor y la ironía. Ambos elementos constituyen un filtro espléndido que ha producido obras de un interés singular como su cede con Trifulca a la vista, de Nancy Mitford (Asteroride). Un pequeño pueblo en la campiña inglesa, nada que tenga que ver con las grandes ciudades, justo lo opuesto. La novela se publicó en 1935 –los fascismos están triunfando en lo político y en lo ideológico, es el mundo “nuevo” frente a las democracias caducas– y Mitford escribe la mayor y más desternillante sátira de las dictaduras precisamente situando la acción en ese pueblecito. Eugenia Malmains, noble por los cuatro costados, valiente, intrépida, montada en su caballo y ridícula hasta lo inimaginable es ferviente seguidora del capitán Jack y sus camisas tricolores porque también en Inglaterra hubo un partido fascista. Eugenia tiene unas ocurrencias disparatadas que sumadas al conjunto de disparates que tienen lugar en la pequeña comunidad dan como resultado una novela que te hace reír hasta decir basta. El espacio es muy reducido y precisamente esa limitación hace más efectivos los recursos narrativos. La niebla es leve, en este caso la niebla es leve y rosa. La galería de personajes es de lo más diversa: Noel Foster y su amigo Jasper Aspect llegan con el objetivo de “cazar” a una rica heredera. Lady Marjorie, por su parte, ha abandonado a su novio en las escalinatas del altar y ha huido con su amiga Poppy que, a su vez, está cansada de las infidelidades de su marido, a este lugar donde la señora Lace ejerce una tiranía en la moda y en la cultura tan poderosa cuanto ridícula. El New York Times destacó el “ingenio” de la autora para crear, lo que defino como un combinado extraordinario de efectos euforizantes. Todos se cruzan en esta novela de celos, de amores fingidos, de otros amores conseguidos, de hipocresía, de simulaciones y, claro esté, de final feliz. En el colofón aparece una frase de Unamuno: “La razón es la muerte del fascismo”, y un breve texto en el que los editores agradecen a los lectores el tiempo dedicado a la novela. Se equivocan. Somos los lectores los que tenemos que agradecer la recuperación de este texto que tiene la peculiaridad de que, publicado en 1935, fue retirado por la propia autora para evitar problemas familiares. No es cuestión de hablar de reflejos autobiográficos pero es indudable que si la excentricidad es uno de los núcleos de la novela, lo es también la vida de las hermanas Mitford que tuvieron tanto protagonismo en la Inglaterra de su época. Nancy fue la primogénita del barón de Redesdale. Sus padres eran bastante originales y pensaban que las bases de la educación de sus hijas eran la equitación y el francés. En 1945 Nancy publica A la caza del amor, su título de mayor éxito, era su cuarta novela. Tras la guerra Nancy se fue a vivir a París y allí murió en 1973 después de publicar varias biografías de personalidades francesas y una colección de ensayos Noblesse Oblige, sobre las costumbres, otra vez la palabra, de la aristocracia británica de su época. ¿Por qué no permitió la reedición de la novela? Porque su hermana Diana se casó con el líder fascista inglés Oswald Mosley, objeto de la brutal sátira; por cierto, la introducción del texto la hace y bien Charlotte Mosley, nuera de Diana. ¡Vaya familia! Eso sí que es civilización.

Diario Córdoba