La prensa dice

Reseña de "Pasando el rato en un país cálido" en El Periódico

Por Carlos Martínez Shaw

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Filipinas, pese a haberse mantenido bajo soberanía española desde la segunda mitad del siglo XVI hasta el fin del siglo XIX, es decir, durante bastante rnás de 300 años, es todavía una gran clesconocida entre nosotros. Basta preguntar sobre su historia, su población, su economía o su literatura para percibir lo profundo de nuestra ignorancia acerca de un país que por tantos motivos debíamos sentir cercano. Los escritores filipinos escriben en inglés (por eso Marta Alcáraz ha tenido que hacer esta espléndida traducción para Asteroicle de Pasando el rato en un país cálido de José Dalisay), aunque en su narración aparezcan las muchas palabras castellanas que trufan tanto esta lengua como el tagalo, el más difundido de los idiomas indígenas: centavo, tío, americana, periódico, estero, fiesta, político, calesa, paseo...

En esta primera novela, escrita sin embargo por José Dalisay en 1992, en plena madurez, 40 años después de los hechos que le sirven tanto de contexto como de motor para poner en marcha la acción, el autor parte del hecho fundamental de la brutal dictadura (¿alguna no lo es?) cle Ferdinand Marcos y de la actuación de un grupo de jóvenes universitarios que se organizan, encuadrados en eI Partido Comunista, para oponerse al régimen autocrático. La ley marcial, impuesta en 1973, es el rnomento cronológico preciso a partir del cual (pero en una sucesión permanente de flashbacks y flashforwards) se relata la vida de los cuatro muchachos (el narrador, sus dos amigos y la novia del último) y sus opciones personales en una situación límite que obliga a constantes decisiones instantáneas e irreversibles de las que depende el futuro.

Todo un país a la vista

A partir de ahí, todo un país se pone en movimiento bajo nuestros ojos: su extremada climatología, sus contrastados paisajes, su rica y mestiza gastronomía, su singular folklore de confín asiático peculiarmente católico modelado por el dominio español y la ocupación norteamericana, la espantosa miseria de las clases populares hacinadas en los arrabales de Manila, la universal corrupción incrustada en las altas esferas, la tentación de aprender informática y encontrar un billete para volar a EEUU y no regresar más sino para visitar a la abuela o para enterrar a los padres...

Y sobre esta pintura que dibuja al país entero, el autor nos enfrenta con las opciones de los cuatro protagonistas: seguir en la lucha a costa de aceptar una existencia permanentemente amenazada o buscar el modo de pasar el rato (o de matar el tiernpo, en el original inglés) porque no puedes ser un héroe, porque no quieres morir en un campo de concentración a los 1B años. En fin, una oportunidad de acercarse a la vez a la realidad de un país todavía increíblemente exótico para nosotros y de reflexionar con el autor sobre las elecciones que se han de tomar en un mundo irracional, signado por la crueldad y la injusticia y cuyos habitantes se ven en muchas ocasiones abocados a la desesperación.

El Periódico