La prensa dice

10 ago
2011

Reseña de "Mi abuelo llegó esquiando" en Culturas

El gran slalom

Por Isabel Gómez Melenchón

El abuelo del narrador se llamaba Benno, era más bajito de lo normal, tocaba la corneta y luchó en las huestes del zar con un sable hecho a medida en compañía de tártaros, calmucos, ingrios, cherqueses y un par de daguestaníes que hablaban una mezcla de osetio y kabardino con variaciones fonéticas del dialecto de Astracán. La historia del este de Europa y sus extensiones es como para leerla con un mapa a un lado y wikipedia al otro...

Daniel Katz (Helsinki, 1939) escribe en finlandés, pero es deudor de todas las culturas que rodearon a su familia, judíos que también desembarcaron en el país escandinavo desde Rusia y cuya llegada que tan hilarantemente recrea en Mi abuelo llegó esquiando, una novela narrada con lo mejor del humor yiddish y una economía del lenguaje que para sí quisieran algunos autores que necesitan una trilogía para contar lo que este dotado escritor se ventila en menos de 250 páginas: una genealogía surrealista y disparatada que comienza con Salman, el padre del abuelo del nanador, que en abierto contraste genético con su criatura llegó a medir dos metros. El hombre, dado al trapicheo y al contrabando, estuvo en la cárcel en Siberia y logró escapar esquiando a Finlandia, entonces parte del Imperio Ruso, mientras su hijo era arrastrado por los cosacos a conocer mundo y servir a la Madre Rusia, cruel madrastra con los judios.

La Primera Guerra Mundial se desarolla como el rosario de la aurora para los rusos mientras Benno cae herido y su mujer y una amiga atraviesan todo el país para buscarlo en lo que sería un relato épico si no fuera Katz y su familia demuestran que por algo Woody Allen y los hermanos Marx pertenecen a la misma estirpe, por así llamarlo. Una nueva guerra, más grande y definitiva, lleva al padre a luchar contra los alemanes y al resto los desplaza a Suecia, adonde se trasladan acarreando incluso la vajilla de la bisabuela y el menaje del Sabbat que ya habían cargado previamente otros ancestros desde San Petersburgo y que volverán a transportar tras la Guerra de Continuación. La vida es así, un ir y venir de una tierra a otra con la historia a cuestas condensada en un puchero. Y la de Europa duirante el siglo pasado estuvo a punto de destruirlos a todos. Una novela realmente imprescindible.

Culturas - La Vanguardia