La prensa dice

26 ene
2013

Reseña de "La jugada maestra de Billy Phelan" en El Norte de Castilla

William Kennedy, un Balzac americano

Por José Giménez Corbatón

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El ciclo de reportajes y novelas de William Kennedy en torno a Albany, su ciudad natal y capital del Estado de Nueva York, se compone, hasta el momento, de una decena de títulos publicados entre finales de los años 60 y 2011. El más célebre, adaptado al cine por Héctor Babenco en 1987, es sin duda ‘Tallo de hierro’ que, junto a ‘Roscoe, negocios de amor y guerra’, ha publicado también en fecha reciente Libros de Asteroide. ‘Tallo de hierro’, tras sufrir muchas dificultades para encontrar editor, fue Premio Pulitzer de Ficción en 1984, y consagró definitivamente al escritor. William Kenned y había trabajado como periodista en su país, en Europa y en Puerto Rico, donde conoció al que sería su principal apoyo en el debut de su carrera literaria, Saul Bellow.

Sin seguir una estricta cronología, son muchos los personajes que reaparecen en varias de las novelas, en particular los pertenecientes a las familias Phelan, Daugherty, y los poderosos McCall, detentadores del poder político en Albany. Así, la parte final de esta ‘La jugada maestra de Billy Phelan’ sirve de presentación a Francis Phelan, padre del joven que le da título. El lector se queda con las ganas de saber más del curioso sujeto marcado por la desgracia familiar, que abandona su entorno para convertirse en vagabundo y que, víctima de la Depresión del 29, caerá preso del alcohol y la inmundicia más bárbara… Leer ‘Tallo de hierro’ después de ‘La jugada maestra...’ nos permitirá completar la deriva de Francis y conocer su pasado, aunque no está demás aclarar que las dos novelas funcionan a la perfección de manera independiente. La acción de ambas se desarrolla a finales de 1938, y en escenarios casi similares. Hay que dar gracias a Bellow y al Pulitzer por acabar con las reticencias editoriales hacia una obra que amuchos se les antojaba inconveniente y trasnochada, y que ahonda magistralmente en las cloacas de la era Roosevelt. Escritores como John Steinbeck ya habían acometido un cuadro parecido al calor -o habría que decir ‘al frío’- de la terrible crisis. De todo esto habla Jordi Fibla en un breve prólogo a su traducción de ‘Tallo de hierro’. Él mismo se ha encargado de verter al castellano los tres títulos, y creo que su trabajo es de gran altura, sobre todo en lo que se refiere a los diálogos, de singular importancia en la narrativa de William Kennedy.

No es fácil -ni necesario, por otra parte- poner etiqueta a las novelas de este autor: son realistas y no lo son, pues, comoanaliza el propio Fibla a propósito de Francis Phelan, posee vital importancia «la evocación poética de la vida interior y la liberación de los fantasmas que pueblan la mente» de sus protagonistas. Esto mismo sucede en ‘La jugada maestra…’, donde las rememoraciones del pasado familiar, de la saga de sus orígenes, son evocadas una y otra vez por el periodista Martin Daugherty o por el jugador de billar, de bolos, de póquer, y corredor de apuestas en todas las categorías, Billy Phelan, para tratar de entenderse a símismos y de ayudar a que los demás los ubiquen debidamente y comprendan su modo de actuar. Oímos sus pensamientos como si hablaran consigomismos, y tales incursiones en su yo más profundo completan unos diálogos fulgurantes, de elocuente expresividad, que hacen avanzar la trama con maestría. En ‘La jugada maestra…’, como en ‘Tallo de hierro’, como en ‘Roscoe…’,hay multitud de personajes secundarios cuya presencia no debe desalentar al lector, pues Kennedy se las ingenia para que nunca perdamos el hilo fundamental de los principales. Se trata de comparsas que pueblan todos los recovecos de Albany, y que ayudan a componer un cuadro descriptivo y analítico muy completo de una ciudad con una historia reciente particularmente conflictiva en lo político, en lo social, y en lo delictivo.

Es el retrato de una ciudad que representa -como el Boston de George V. Higgins, aunque este autor se mueva más en el ámbito de la novela negra- el prototipo de un conglomerado humano en el que se mezclan diferentes grupos de emigrantes disputándose el poder, y que encumbra a individuos carentes de escrúpulos que se sirven de la política para sus estrictos intereses. Kennedy no elude recursos: sitúa en el contexto internacional la deriva de esa ‘gente importante’ que es pura escoria desde la éticamás elemental; de ahí las alusiones a la Guerra Civil Española o al antisemitismo galopante en Europa que salpican la novela. Los trapicheos del Partido Demócrata, su alto grado de corrupción y de prácticas mafiosas –al menos en los años retratados, los de Roosevelt–’, no dejarán de sorprender también al lector. En definitiva, leer a William Kennedy es como leer a un moderno Balzac.

El Norte de Castilla