La prensa dice

Reseña de "El fiel Ruslán" en Diario Vasco

Sumisión canina

Por Iñigo Urrutia

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Ruslán es un perro normal, «hijo legitimo de ese perro primitivo al que el miedo a las tinieblas y el odio a la luna habían empujado al fuego que ardía ante la caverna del hombre, obligándolo a sustituir la libertad por la fidelidad». Adiestrado para vigilar a prisioneros en los campos de concentración estalinistas, el cierre del gulag donde cumple servicio le sume en un prolongado desconcierto. Su cosmovisión queda hecha trizas cuando el mundo deja de estar estructurado en amos, prisioneros y perros guardianes. Ruslán piensa como los humanos en esta novela en la que los perros se comportan como humanos y éstos como perros de la peor ralea. Tras el desmantelamiento del campo, Ruslan es abandonado y vaga sin norte hasta que es acogido por Harapiento, un exprisionero, tan errabundo y desprovisto de brújula como sus guardianes cuadrúpedos. No saben qué hacer con sus vidas, con su libertad. Evoca el contrapunto a la rebelión en la granja orwelliana.

El cierre de lamayoría de los campos de prisioneros decretado por Nikita Jrushchov tras la muerte de Stalin desorientó a quienes habían sido sus custodios. Imbuidos de ese sentido férreo del deber cuando la ideología se convierte en religión, Vladimov construye una parábola sombría y realista. Escribió y reescribió este relato durante años, después de que le contaran una anécdota que vale casi como categoría. Durante una de las pomposas celebraciones de un Primero de Mayo, tras cerrar los campos, una jauría de perros que habían sido guardianes atacó a los participantes en un desfile tras confundirlos con un cuerda de presos. Una imagen brutal de la alienación cultivada en el gulag.

‘El fiel Ruslán’ es una alegoría de la confusión existencial de quienes vivieron durante tantos años en la obediencia devota y sumisa a la verdad revelada del estalinismo, como también de quienes fueron sus víctimas.

Diario Vasco