La prensa dice

29 jun
2006

Regreso a las Indias orientales, por Pilar Adón

En una isla de las Molucas, en el interior de un jardín de especias, vive Felicia, una mujer pequeña y encorvada a quien todos llaman la señora del Pequeño Jardín. Aunque no sea muy consciente de ello, los habitantes de la isla la aprecian porque también ella forma parte ya de las muchas y extrañas criaturas que pueblan su territorio. También ella acarrea una leyenda y es objeto de rumores por parte de sus vecinos, que pretenden averiguar qué fue de su familia, de su marido y de su único hijo, muerto en una expedición militar a la que no le correspondía ir.

Los isleños saben que Felicia no tiene a nadie en el mundo y que un día al año, cuando se cumple el aniversario de la muerte de su hijo, se prepara para estar a solas y para dedicarles el día y la noche a todos aquellos que han sido asesinados en la isla a lo largo de ese mismo año. En el momento en que se desarrolla «Las diez mil cosas», cuatro han sido los asesinados. Y a cada uno de ellos, Dermoût le asigna una fábula.

«Las diez mil cosas», publicada por primera vez en Holanda en 1955, es una novela deliciosa. Estructurada en una sucesión de relatos, cada uno de los cuales se consagra a uno de los asesinados y a los acontecimientos que llevaron a su muerte, la obra despliega un universo pleno de lirismo y de belleza, pero también de una violencia sobrecogedora. Algunos de esos relatos, como el titulado «El catedrático», son verdaderos prodigios literarios, de una factura técnica impecable y dotados de una magnífica sabiduría. El conjunto resultante es de una melancolía salvaje e infinita. La lectura perfecta si lo que se desea es contemplar en aparente silencio una realidad temible, plagada de alaridos nocturnos.

Las historias de Maria Dermoût (1888-1962) tienen claros toques autobiográficos: ella misma nació en Java, en una plantación de azúcar. Viajó a Holanda para finalizar sus estudios y, tras casarse, regresó a la actual Indonesia. Podemos hablar de una escritora tardía ya que publicó su primera novela en 1951, con 63 años. Cuatro años más tarde aparecería «Las diez mil cosas». Esas diez mil cosas que se despliegan ante los ojos de Felicia, y que son las cosas que posee y las que ya no podrá poseer jamás «fluyendo aquí y allá unas dentro de otras, pero sin nada que las uniese y al mismo tiempo eternamente unidas...».

La escritura de Dermoût es la propia de una observadora perseverante. El rumor de las bahías, el ruido de alta mar, el susurro del viento, y las leyendas acerca de la Mujer de Coral o el Cocotero del Mar dan lugar a una narración mágica, atemporal, en la que la inquietud y los secretos atávicos, la dulzura y la lealtad, afloran ante los fascinados ojos del lector. Hay que felicitar a Libros del Asteroide por la recuperación de una autora imprescindible y exquisita.

La Razón