La prensa dice

30 nov
2008

Me voy con vosotros para siempre, por Txani Rodríguez

Si todas las novelas de Fred Chappell, conocido como "el moderno Mark Twain, son tan deliciosas como Me voy con vosotros para siempre, este poeta y narrador norteamericano merece con creces ese sobrenombre. En principio el libro nos relata algo bien simple: la infancia de Jess, junto a sus padres y a su abuela en una granja de Carolina del Norte. A ellos se unirá el joven Johnson Gibbs, un huérfano a quien la familia contrata para trabajar. A estos cinco personajes, entre los que destaca el infantil padre de Jess, se suman puntualmente vecinos o familiares que visitan la granja: un tío mujeriego, otro pariente con una barba legendaria y con la asombrosa cualidad de desaparecerse del mundo, una cantante de country u otro tío empeñado en viajar con su ataúd a cuestas para encontrar la frase perfecta para su epitafio. Los rocambolescos y pueriles comportamientos de los "hombres de la casa" y sus divertidas ocurrencias propician momentos desternillantes. Son capaces de suministrarle somníferos a un hombre para medirle la barba, de cambiarle a la abuela bombones por pequeños huevos, de arruinar un noviazgo a costa de chicles con efectos laxantes o de falsear anónimos de maridos airados. Pero además de elaborar planes maquiavélicos o directamente absurdos para lograr sus fines, estos tres personajes también trabajan y mucho. Y a través de esa labor que desarrollan, el lector conoce cómo era en aquella época el modo de vida en el campo.

A pesar de toda su jovialidad, esta novela encierra también momentos de gran ternura. La sombra de la Segunda Guerra Mundial planea sobre la granja y se hace más alargada cuando el huérfano Johnson decide alistarse en el ejercito, según el pequeño Jess, debido a que tras reclutar sin éxito a un montón de hombres para doblegar a Hitler, le tocaba a su admirado amigo ir a hacerlo. Las increíbles historias que suceden en esa pequeña granja hacen que el libro se encuadre cerca del realismo mágico; sin embargo, podría ser más apropiado considerar que es únicamente la mirada del niño de la casa lo que hace que todo parezca distinto, irrepetible, mejor.

Radio Euskadi