La prensa dice

13 may
2009

La discreta podredumbre de la clase trabajadora, por Fran Casillas

Tom y Betsy Rath son un matrimonio joven y guapo. Tienen tres hijos adorables y el sueldo que él gana trabajando en una fundación benéfica les permite sobrevivir a fin de mes sin excesivos apuros. Podrían ser felices en su casa de barrio residencial, pero el desconchado de la pared o las malas hierbas del jardín corroen sus entrañas. Guardan la íntima convicción de que son especiales, y "en Greentree Avenue el que se da por satisfecho se gana el desprecio de los demás".

Libros del Asteroide ha rescatado ’El hombre del traje gris’, novela de Sloan Wilson que no se reeditaba en España desde 1980. La obra se había publicado originalmente en los años 50, marcando un hito por su retrato con bisturí de la sociedad estadounidense y su amargura congénita tras la Segunda Guerra Mundial.

Tom Rath ha logrado inocular sus recuerdos de los combates en Europa y el Pacífico. Mató a 17 hombres, pero eso no es más que una cifra en su catálogo de sentimientos aletargados. Sobrevivió al infierno y regresó al hogar para emprender una existencia monótona e indolente al lado de Betsy.

Cada mañana coge el tren desde Connecticut a Nueva York para sumergirse en otra jornada de extraordinaria insignificancia y continuar alimentando el humo al que anuda sus sueños. Porque la ilusión ha muerto y sobre su tumba baila el materialismo, el deseo de "comprar una casa más cara y una marca de ginebra más buena".

En realidad, no importa. No pierdo nada

Esa ambición propicia que Tom abandone su puesto en la institución caritativa. Decide probar fortuna en la United Broadcasting Company, y acaba ayudando al presidente de la compañía a lanzar una plataforma para la mejora de la salud mental. "¡Siempre me ha interesado la salud mental!, proclama Tom en un ridículo arrebato de servilismo. Hilarante.

Cuando por fin se mudan, los Rath aprenden a "identificar pesimismo con sabiduría". Acumulan facturas y desengaños. El dinero no es la meta, sino un camino infinito que fagocita el espíritu de Tom. Este antihéroe, embutido en su anodino traje de franela gris, debe realizar equilibrismos sobre la delgada línea que separa el conformismo de la frustración.

Y cada vez que los episodios domésticos o laborales orbitan hacia el desastre, Tom repite su letanía trifásica: "En realidad, no importa. No pierdo nada. Será interesante ver lo que sucede".

Lo que sucede es que los fantasmas de la guerra comienzan a asediarle, conviviendo con destellos de consciencia de su propia miseria. Sin apenas darse cuenta, Tom y Betsy se han convertido en un matrimonio ’WASP’ emocionalmente anestesiado. Incluso se han olvidado de llorar. ¿Estarán aún a tiempo de cambiar y ser felices?

Precursor de ’Revolutionary Road’ y ’Mad Men’, Sloan Wilson construye un monumento a partir de las ruinas de la vida cotidiana. ’El hombre del traje gris’ es un relato sutil, sin estridencias, donde los ínfimos detalles provocan una cascada de dilemas y sensaciones irrefrenables.

El autor traza con agilidad un mapa de ese desencanto que contaminaba el aire en los 50. Realiza una soberbia introspección en las relaciones laborales, traza paralelismos entre el escepticismo ante el futuro y el dolor de la nostalgia, y reflexiona sobre los cimientos del matrimonio y el amor de juventud.

Las páginas de Wilson cobraron vida en el celuloide de la mano del director Nunnally Johnson, con Gregoy Peck y Jennifer Jones como intérpretes principales. El éxito de novela y película abrieron un camino que luego seguiría el escritor Richard Yates con ’Vía Revolucionaria’, adornada con un dramatismo efectista que Sam Mendes sobreexplotó en la reciente versión fílmica.

Las preocupaciones esenciales que refleja Wilson en su libro continúan vigentes, y de ellas se nutre por ejemplo la aclamada serie ’Mad Men’. Don y Betty Draper son una extrapolación de Tom y Betsy Rath.

’El hombre del traje gris’ se convirtió en un modismo usado para designar a esos ejecutivos colosales en los rascacielos neoyorquinos y títeres infelices en sus casas de las afueras. La novela se reviste de comedia costumbrista para administrar fuertes dosis de angustia y cinismo. Habla de amor, de justicia e insufla vientos de esperanza. ¿Qué mas razones se necesitan para leerla? En realidad, no importa. Aunque se pierda mucho. Porque es muy interesante ver lo que sucede.

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