La prensa dice

7 jun
2010

Jernigan, por Philipp Engel

Les presento al impresentable Peter Jernigan, un tipo al que seguramente no les gustaría conocer en persona, pero que disfrutarán enormemente sobre el papel de estas trepidantes 362 páginas. Alcohólico gruñón de pura cepa irlandesa, viudo reciente y padre casi cuarentón de un hijo adolescente que pasa de él, Jernigan podría ser el detective de homicidios de una comisaría de mala muerte, o el asesino agobiado por las circunstancias de un relato tompsoniano, pero no. Aunque en algún momento empuña una pistola, no tiene nada que ver con el crimen. Y por su trabajo en la ciudad mejor no preguntéis. Narrador en primera persona de su propia deriva autodestructiva, Jernigan podría no ser más que otro náufrago en el paisaje suburbial de la literatura americana, pero su voz absolutamente desquiciada, su cinismo descarnado y su negra incorrección lo convierten en un personaje rotundo e inolvidable que provoca incontenibles carcajadas. En una fiesta, sería el típico apestado del que saldríamos huyendo, pero al descubrirlo en la primera novela de David Gates nos pasa justo lo contrario: no podemos soltarlo. Es lo que tiene la ficción, nos permite disfrutar con las miserables desventuras de un personaje abocado al desastre sin atisbo de culpa. Han pasado ya dos décadas desde que David Gates demostró que era algo más que el ex de Ann Beattie, aquel que puso título a sus Postales de invierno (Chilly Scenes of Winter). El bendito Asteroide, una vez más, nos ha puesto al día. Más vale tarde que nunca, lo hemos pasado en grande con el bueno de Jernigan.
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