La prensa dice

7 abr
2010

Guía práctica para sacar lo peor de uno mismo, por Carlos Prieto

Hay muchas formas de llamar a ese momento de la vida de un hombre en el que todo amenaza con venirse abajo. Crisis de los cuarenta, decadencia, descenso a los infiernos, pero también simplemente Jernigan, un término que hizo cierta fortuna en EEUU a principios de los noventa. El responsable del concepto se llama David Gates (Conneticut, 1947), finalista del Premio Pulitzer en 1991 con una novela tragicómica titulada precisamente Jernigan, que Libros del Asteroide publica ahora por primera vez en español.

El verdadero culpable de toda esta historia se llama Peter Jernigan, de poco más de 40 años, que vive en Nueva Jersey con su hijo adolescente, trabaja en una inmobiliaria... y que no puede evitar que su vida esté a punto de convertirse en uno de los fracasos más estrepitosos de la literatura estadounidense contemporánea. "No creo que el problema de Peter sea su alcoholismo, cuenta Gates a Público sobre su personaje. "Sería una explicación simplista, que le privaría de la libertad para actuar y tomar decisiones que todo protagonista de una ficción necesita. En la vida real uno puede ser una víctima (de las circunstancias, de la familia, de la sociedad o de la química cerebral), pero no es una idea interesante para una ficción. No sé más sobre Peter de lo que él cuenta en el libro, donde admite que piensa demasiado y que tiene tendencia a meterse en problemas".

El escritor estadounidense, que ha sido redactor jefe de Newsweek, se tomó la escritura de la novela como un experimento malicioso. Se trataba de llevar sus fantasías y sus peores cualidades "hasta lo más extremo y ver lo que salía". Lo que salió fue una piltrafa humana llamada Peter Jernigan. Un hombre al que nos gustaría poder odiar, pero al que cogemos cariño por su asombrosa capacidad para transformar su existencia en un desastre cómico. "Peter es capaz de lidiar con las pequeñas cosas cotidianas, como pasarse más de una hora sin decir algo desagradable a su hijo o a su novia. La cuestión es si de verdad quiere hacerlo. Es como si participara en un experimento sobre cómo de mal puede llegar uno a comportarse. Llega incluso a autolesionarse. Se inflige castigo físico, pero también moral. Tiene que ver con aquello que decía Poe: una vez que te imaginas algo espantoso es difícil resistirse a no llevarlo a cabo".

Rodrigo Fresán escribe en el prólogo del libro que Jernigan es un miserable: "Alguien que se especializa en ser un infeliz y un desdichado sin que eso signifique no gozar de una poderosa y aparentemente inagotable capacidad para producir la infelicidad y la desdicha en segundos y terceros, y décimos y centésimos y milésimos". Sin juicios de valor. Un indeseable, vamos. Pero si le preguntas a Gates si Jernigan es un mal tipo, contesta diciendo que no hay suficientes hombres libres de pecado como para lapidarle: "¿Acaso es usted un buen tipo? ¿Lo soy yo? Sin duda Peter es alguien que a veces se porta mal. Pero también usted y yo (lo de usted me lo imagino, de lo mío estoy completamente seguro). Peter no necesita que yo lo juzgue con dureza: sabe de sobra todo el daño que ha hecho y continúa haciendo a sus seres queridos".

Pero hay quien sí se atreve a poner nombre al errático comportamiento de Jernigan. "Cuando mi padre leyó el libro, calificó a Jernigan de culo de caballo. No conozco el equivalente en español de esa acepción, pero se trata de alguien al que no le importa ponerse en ridículo. Peter se hace más daño a sí mismo que a los demás. Sospecho que su hijo y su novia acabarían superando sin problemas el trauma de haberle conocido, zanja.

Público