La prensa dice

Entrevista a Jean Rolin en Go Mag

Por Philipp Engel

[Para leer la entrevista en Go Mag, descárgate el PDF adjunto.]

Olivier Rolin ha visto media docena de sus obras traducidas al castellano, pero de su hermano pequeño tan sólo conocíamos “Cristianos” (Libros del Asteroide), ensayo sobre la comunidad cristiana en Palestina, un territorio que Jean Rolin exploró en 2002, poco antes de la Guerra de Irak. Las cosas han mejorado muchísimo con la traducción simultánea de los extraordinarios “La cerca” (2002) y “El rapto de Britney Spears” (2011). En “La cerca”, el propio Jean Rolin convive con los marginales que habitan el Boulevard Ney, y alterna su relato con fogonazos de la vida del mariscal napoleónico que le da nombre, un hombre surgido del pueblo que acabó siendo fusilado por los suyos. En “El rapto de Britney Spears”, Rolin se coloca la máscara de un atribulado agente secreto para relatar sus desplazamientos a pie, o en transporte público, por L.A., ciudad a la que se ha desplazado, supuestamente, para prevenir un atentado contra Britney Spears. En ambos casos, como buen heredero del Nouveau Roman (me hizo pensar en “La modificación”, de Michel Butor, y en su hilarante apertura), Rolin saca chispas de humor melancólico de la minuciosidad marca de la casa con la que describe sus recorridos por el mapa de la zona, más o menos amplia, que se impuso para edificar estas dos excepcionales obras. No se lo pierdan.

¿Sus trabajos siempre están ligados a la exploración de un territorio?

Tengo que reconocerlo. Incluso cuando escribí “Cyrille et Méthode” (1994), una novela sobre una frontera imaginaria, la visión geográfica precedió el resto. A un lado estaba un país que se parece a Mónaco y al otro uno calcado a la Albania socialista, la confrontación entre ambos fue lo que me dio la trama de la novela. Describir los lugares tal y como lo hago es una manera de evacuar la psicología y el sentimentalismo que permanentemente amenazan al escritor, sobre todo cuando envejece. Hay algo profundamente objetivo y antipsicológico en los mapas. Tanto “El rapto…” como “La cerca” también hablan de la confrontación como una frontera más o menos invisible. Tenía un plan muy preciso para “La cerca”. Es un trabajo sobre los límites de París, barrios pobres donde los inmigrantes han reemplazado a los obreros, aunque finalmente me centré más en gente que estaba de paso, como el vagabundo Gérard o el coronel zaireño que ejerce de segurata en un McDonalds. Es verdad que en “El rapto...” también aparecen muchos vagabundos. Es lo que ocurre cuando te desplazas a pie por una ciudad pensada para los coches, aunque el sistema de transportes ha evolucionado mucho. Combinando metro y bus, puedes ir a cualquier sitio. Todos los homeless te piden tabaco. En París pasa igual. Empiezo el día muy generoso, pero al final del día tengo que recordar que soy un cristiano marxista (uno siempre es lo que fue), para no mandarlos a paseo de mala manera.

¿Y Britney?

La escogí porque me parecía la quintaesencia del mundo del espectáculo, aunque también porque es de baja extracción y tiene la cualidad de una heroína popular. A los paparazzis brasileños con los que trabajé también les parecía simpática por lo mismo. Era algo que tenían en común, un origen oscuro. En Santa Mónica hay un muelle que ahora solo frecuentan latinos, con muchos niños obesos, atracciones decadentes y olor a fritanga. Britney lo hizo cerrar para visitarlo con sus hijos. Tiene los gustos del pueblo, pero sin mezclarse con él, esa es la dualidad que me interesaba.

Britney también es una manera de hablar del muy fascinante mundo de la prensa del espectáculo en EE.UU. Sí, la mayor parte de datos que manejé sobre ella son de dominio público, salvo uno que sólo conocen los paparazzis y que es que mea mucho. Cuando sale de casa, siempre tiene que parar en algún momento. En cuanto al tratamiento de la prensa, no sé cómo puede vivir con ello. Algunas noticias se crean artificialmente, otras a lo mejor tienen un sustrato real, pero adquieren dimensiones absolutamente desproporcionadas. No sé cómo puede llegar a mantener un nexo con la realidad, ya que su vida es constantemente interpretada y transformada por la prensa. Hay por supuesto casos más extremos como el de Kim Kardashian, que es tonta, fea y no ha hecho nada para ser famosa, y sin embargo su vida se confunde totalmente con la realidad. En un plano antropológico es el caso más interesante, pero literariamente no me interesaba en absoluto. Prefiero a Britney, y a Lindsay Lohan, que es mucho más guapa. Pobre Lindsay, creo que acabará mal.

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