La prensa dice

19 may
2007

El paraíso era polvo, por María José S. Mayo

No hace mucho tiempo, Estados Unidos dejó que sus hijos murieran de hambre. Como las penosas y omnipresentes imágenes de hambrunas africanas, los niños del Tío Sam también hincharon sus barrigas a causa de la cruenta malnutrición y la miseria instalada en las familias de pequeños agricultores que, arruinadas tras el crack del 29 y las tormentas de polvo que asolaron sus cultivos, no tuvieron más remedio que emigrar en rudimentarios vehículos hacia territorios más prósperos: los de California. El éxodo quedó grabado a fuego en la historia de la literatura gracias al aliento bíblico que supo darle el escritor John Steinbeck, maestro de la palabra solemne y exacta. Como la del Todopoderoso.

Pero el libro que obrara el milagro, Las uvas de la ira, nunca podría haber sido lo que es sin los magníficos siete reportajes en los que el escritor, que se recorrió de punta a punta su California natal, plasmó con una claridad cristalina los puntos principales del problema e, incluso, fue capaz de dar soluciones. Estos textos, considerados entre lo mejor del periodismo norteamericano, han sido recogidos en una cuidada edición de Libros del Asteroide que, además de un clarificador prólogo de Eduardo Jordá, cuenta en sus páginas centrales con un conjunto de imágenes de la fotógrafa que mejor plasmó el drama de la Depresión norteamericana, Dorothea Lange. Con estas instantáneas enriquecemos una lectura plagada de un aliento humano y un patetismo enormes que nos acercan a un Steimbeck que ejemplifica a la perfección aquello de que el periodismo "no es una profesión para cínicos, como dijo Kapuscinski.

Con emoción contenida el autor escarba en las raíces del mal, mostrando su exacto conocimiento de los escalones que llevan al ser humano desde la dignidad a la absoluta degradación y, sin que le tiemble la mano -la presión que los grandes agricultores ejercieron sobre los medios de comunicación fue enorme-, denuncia esas prácticas "matonistas, más propias de totalitarismos que de democracias, empleadas a la mínima que estos "buenos americanos" se asociaban para exigir los derechos que se les negaban cuando eran confinados en campamentos sin unas mínimas condiciones de higiene y recibían unos sueldos escandalosamente bajos.

Los vagabundos de la cosecha es un conjunto de textos con los que Steinbeck demuestra no necesitar de complicados artificios literarios para deslumbrar con su prosa directa. Con pasmosa facilidad nos llena del polvo del camino y nos pone en dirección al oeste, allí donde su héroe Tom Joad dijo que estaría.

El confidencial