La prensa dice

3 may
2007

El juego perverso de narrar, por José Giménez Corbatón

NARRATIVA LATINOAMERICANA DOS VOCES DE ULTRAMAR: EL BRASILEñO TELLES RIBEIRO Y EL CHILENO CARLOS LABBé

Las nuevas voces literarias latinoamericanas -hablé no hace mucho en estas mismas páginas de Israel Centeno y de Rodrigo Soto (Periférica)- pertenecen, antes que nada, a eruditos lectores que han asimilado muy bien propuestas y técnicas narrativas diversas hasta situarse con comodidad a la misma altura que sus modelos. Es el caso del brasileño Edgard Telles Ribeiro.

«La mesilla de noche» (1991), que ahora edita Libros del Asteroide (fue su primera novela. La traducción del portugués corresponde a Juan SebastiánCárdenas Cerón. El prólogo es de Luisa Castro), ofrece el perfil de un personaje femenino que abarca buena parte del siglo pasado con sus vivencias brasileñas y en la Europa de entreguerras.

Pero Telles no se limita a contar la historia de Gilhermina; al mismo tiempo hace vivir al lector la búsqueda de los materiales que construirán «una larga historia, llena de grandes lagunas, [pues] sólo conozco algunas partes», comoconfiesa su personaje, un profesor de teoría del cine y cineasta (probable trasunto del autor: Telles se ha dedicado a esasmismas actividades y presentó en 1980 un cortometraje en el Festival de Cannes). El narrador trata de elaborar un guión a partir de la vida de una mujer que nunca ha conocido, y de la que va recogiendo todos los testimonios posibles.

Hasta el punto de que esa Guilhermina de tan apasionante como indescifrable vida acaba siendo más «un personaje de ficción» que un ente verosímil para la credibilidad lectora. Y no lo digo en detrimento de la novela, sino todo lo contrario. La heroína deTelles Ribeiro es, en definitiva, una artista cuya mejor obra es ella misma, dispuesta a asumir y a elevar como bandera la divisa de que «la más pura poesía no vale tanto como una dulce y suave perversión».

Mujeres y humor cruel

El escritor utiliza los resortes de la novela sentimental, o de la telenovela -tan en boga en Latinoamérica-, y los de la narración psicológica. Trufa su historia de referencias literarias y cinematográficas que no cesan de enriquecer el texto, y no desdeña el humor cruel o el mero juego. Compone un rompecabezas «buscando la pieza que daría sentido al conjunto». Pero el narrador principal sabe que «esas piezas, cuando existen, siempre están perdidas en otros juegos.» El lector se quedará con las ganas de saberlo todo del personaje, y llenará los huecos dejados por el autor a su modo, enmarañado y sobrecogido por la fuerza de Guilhermina, contrapunto despiadado de Emma Bovary o de Anna Karenina, «unamujer de perfil de fuego y sueños» difícil de olvidar y que, al menos en mi caso, acabada la última página de «La mesilla de noche», forma ya parte de la galería de personajes femeninos que pueblan mi imaginarioliterario.

Labbé: Con Oneti y Cortázar

Carlos Labbé es un joven escritor chileno (Santiago, 1977), estudioso de Onetti y de Bolaño, músico de pop, guionista de cine y de televisión, crítico literario, antólogo, editor y profesor universitario, según nos informa la solapa de esta su segunda novela, «Navidad y Matanza», que publica por primera vez la cacereña Periférica. El volumen se presentó en Zaragoza en la librería Los Portadores de Sueños.

En efecto, las huellas deOnetti, pero también las del Cortázar más experimental, se vislumbran en esta novela corta. Labbé la define, de un modo aún más explícito que Telles, como «novela juego», fruto del lúdico entretenimiento literario que mantuvo con un grupo de amigos dedicados a pergeñar borradores de una novela fragmentaria siguiendo el compás aleatorio del juego de la oca. Los capítulos de «Navidad y Matanza» parecenencabezados por números que no guardan correlación y lo cierto es que, almenos hasta la mitad de la novela, el lector podría leerlos en el orden que le viniera en gana.

Una mentira, un reto, el riesgo

El experimento es original, arriesgado, y exige mucha entrega por parte de ese mismo lector que desde el comienzo ha de aceptar formar parte de la lid, pues recompondrá él mismo una historia de la que también se le hurtanmuchas claves -aunque de otro modo que Telles Ribeiro-, pero de las que, al mismo tiempo, se le brindan las suficientes para que su imaginación pueda desbocarse. La voz narrativa principal admite que se debería escribir «como un niño», y aboga por un público «esencialmente indefinido y tendente a los desbordes».

En otro momento admite incluso «escribir sobre la marcha», es decir, dando la máxima autonomía a los personajes -y al propio lector, que así podrá llegar a sentirse protagonista al albur de la lectura. La literatura ha llegado a ser, sentencia el narrador -el propio Labbé-, «una mentira». Pero aún puede salvarla el juego sometido a determinadas reglas.

Un reto, en definitiva, muy estimulante, que llama a la aventura. Vale la pena correr el riesgo.

Heraldo de Aragón