La prensa dice

28 ago
2010

Diario de un ama de casa desquiciada, por Francisco Solano

Cuando se publicó Diario de un ama de casa desquiciada en 1967, el ideal de la acomodada mujer norteamericana, en tanto que esposa y madre, lo representaba la figura conciliadora y rosada de Doris Day, a quien se le añadía algún mohín enfurruñado... para sugerir que podía ser adversativa. Sue Kaufman echó por tierra esa decoración. Su libro hizo emerger la infelicidad del bienestar y la histeria que conlleva la responsabilidad de gobernar una casa. Pero aún hizo más: fundó la voz de una conciencia. Desde entonces, la condición de ama de casa desplazó la lírica por las disconformidades de la épica cotidiana, y se sumó a las angustias de nuestro tiempo. Poseer una casa excelente, un marido socialmente irreprochable, dos niñas encantadoras, asistir a cócteles con personajes de renombre, rodearse de bienes materiales, dejó de ser sinónimo de equilibrio o éxito emocional, y la institución matrimonial reveló, una vez más, ahora por el lado de la mujer, su resquebrajada consistencia. Han pasado más de cuarenta años y esta novela, que nunca antes se había publicado en España, mantiene la impronta de su revelación. Cabría decir que se trata de un acontecimiento editorial, si a la frase se le quitara el tufo publicitario. Lo cierto es que la novela mantiene su vigencia y probablemente hoy se pueda leer con más provecho, sin las ansiedades propias de la época. No obstante, conviene advertir que nada tiene que ver con las parodias autoindulgentes de libros como El diario de Bridget Jones. Sue Kaufman incorpora eficazmente, cuando lo requiere la situación, humor y no pocas dosis de ironía, pero aborrece los espejos deformes de la risa fácil. Su protagonista y narradora, Tina Balser, no sólo es una neurótica con clase, sino también perspicaz, inteligente, con competencia para crear la distancia que convierte su caso en experiencia común, útil tanto para mujeres como para hombres.
El País