La prensa dice

19 ene
2006

Delicatessen" italiana, por Eduard Vilella

Obra venerada y premiada con el Strega en 1969, Suaves caen las palabras, de Lalla Romano (Demonte, 1906 - Milán, 2001), es una joya que aún brilla bajo el velo del tiempo. Los años pueden pasar factura. Sin ir más lejos, su hilo argumenta) podría resultar muy monódico, aunque no sea ni mucho menos tan trivial como se podría deducir de una mera sinopsis. Pero en todo caso, una vez hecho el esfuerzo de asimilar las peculiaridades, el lector sentirá nítidamente la vibración de las obras relevantes de verdad.

Algunas de las claves del libro están en la sencillez del planteamiento y en la contención (casi descarnada) de cómo éste es desarrollado. El qué cuenta, por supuesto, pero el cómo es determinante. Distancia narrativa, tensión y humanidad de la mirada configuran este retrato lleno de matices, esta íntima introspección doméstica, densa de desconciertos y emociones detrás de las límpidas frases. Sí, todo se hace de manera pausada, pero el latido vital que se percibe es intenso. No hay que tomar por tedio el tono deliberadamente inalterable y la minuciosa construcción por medio de breves cuadros autónomos. Pausas y silencios se integran en la expresión tanto de cuanto se dice como de lo mucho que no se dice.

El esfuerzo para entender al hijo, para leerlo, se convierte también en retrato de la narradora. Que el material primero fuera autobiográfico no hace sino añadir fascinación a esta, como alguien ha dicho, despiadada piedad de la novela. Traducir a Romano, y empezar por una muestra tan significativa de sus virtudes, representa incorporar a una de las voces más personales de la literatura italiana del siglo XX.

El Periódico