comunidad

17 may
2011

Concurso "El frente ruso"

Después de una larga y ardua deliberación, hemos elegido al ganador de nuestro concurso El frente ruso. No ha sido una decisión fácil, dado el número y la calidad de los comentarios recibidos, y desde aquí queremos agradecer a todos los participantes su ingenio y su buena disposición, agradecimiento que extendemos también a muchos jefes de oficina y compañeros laborales por propiciar tan delirantes anécdotas.

A continuación publicamos los nombres de los tres ganadores (finalmente hemos sorteado otros dos ejemplares firmados por el autor entre los participantes) con quienes nos pondremos en contacto vía email para notificarles su premio.

¡Enhorabuena a los ganadores y muchísimas gracias a todos por participar!

  • Laura Hunt
  • Armando
  • Encarna

    La entrada en el mundo laboral no siempre responde a las expectativas que uno tiene y eso, exactamente, es lo que le sucede al protagonista de El frente ruso, que no empieza precisamente con buen pie en su nuevo trabajo en el Ministerio de Asuntos Exteriores francés. Seguro que todo aquel que haya trabajado alguna vez en una oficina reconocerá y se reirá de los ambientes, situaciones o personajes que aparecen en esta novela.

Pero seguro que también, además de los que aparecen en El frente ruso, todos atesoramos momentos estelares que tienen por escenario una oficina. ¿Os gustaría contarnos cuáles son los vuestros?

Deja tus respuestas en este foro y no te olvides de indicar tu correo electrónico en el formulario. La mejor respuesta se llevará un ejemplar de El frente ruso firmado por su autor y sortearemos otro ejemplar entre todos aquellos que os animéis a participar. Tienes hasta el día 31 de mayo para compartir tus grandes momentos...

¡Mucha suerte!



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comentarios

  • Armando 29 may 2011 1. Mi mujer llama a mi oficina para comunicarles que estoy enfermo.
    2. El guarda de seguridad coge la llamada y la transifere a la secretaria del departamente diciéndole: una llamada de Armando (debería haber dicho: de parte de Armando).
    3. La secretaria, en un exceso de confianza que se permite (y le permitimos) con todos sus compañeros, contesta al teléfono:
    - Dime mi amor.
    -Como? -responde mi mujer
    - No eres Armando?, contesta dubitativa la secretaria
    - No, soy su MUJER, contesta mi señora.
    (Creo que mi mujer aún alberga serias dudas sobre mis explicaciones y la verdad, no me extraña; pero soy inocente!!!!)
  • Laura Hunt 28 may 2011

    Yo trabajo en ese sector tan denostado últimamente al que llaman público. No público del que va al teatro, sino del que es, en sí mismo, un decimonónico drama con toques de lo más surreal.
    Soy profesora de instituto y, por esas casualidades de la vida, alguien quiso que colaborase con un Organismo Autónomo que se encarga de gestionar becas para que los alumnos españoles puedan salir a Europa, a estudiar y compartir experiencias de todo tipo con otros ciudadanos europeos.
    A mí me pareció una idea tentadora eso de colgar la ropa de joven avejentada que se lleva siempre a las aulas, por aquello de no marcar diferencias jerárquicas innecesarias, y vestirme para salir al mundo real, a ese en el que viven la mayoría de las personas que no trabajan en centros educativos donde la vida se ha estancado, invariablemente, a los dieciocho años.
    Por fin iba a poder ir a la oficina, como hacían mis amigas, y hacer cosas adultas, como hablar con el jefe, ir a reuniones de trabajo, tomar decisiones, tener una hora para comer, conocer a personas interesantes y llevar medias de vez en cuando. ¡Y tener un despacho auténtico, no un departamento interdisciplinar lleno de mapas enrollados a punto de caerse, libros de texto obsoletos, papelajos ajenos y restos de mermelada en la mesa de trabajo comunitaria! ¡Una mesita para mí sola, donde colocar mi planta y mi vasito de los lapiceros!
    Pues bien, nada más llegar, una mañana de septiembre, me recibió un señor de mediana edad, sonriente, que resultó ser mi jefe. Me condujo desde el vestíbulo, a través de un distribuidor con dos despachos, hasta una zona amplia y soleada donde había una mesa de reuniones y otro despacho, amplísimo y con una luz hermosa. Por el camino me di cuenta de que estaban trasladando un montón de muebles de oficina.
    -  Es A…, que se quiere cambiar de mesa – me dijo mi jefe.
    Cuando nos sentamos cómodamente junto al ventanal que iluminaba su escritorio, me explicó que mi trabajo consistía en organizar los procesos de selección de proyectos educativos de intercambio, repartir las subvenciones entre ellos, valorar la calidad de los mismos y comprobar que el dinero se había gastado correctamente. Por supuesto, iba a agradecer cualquier propuesta que se me ocurriera para dinamizar los intercambios de estudiantes y organizar mi propio departamento, en el que ya trabajaban cuatro personas que iban a estar a mi cargo.
    -  Es importante que forméis un equipo y que mejoréis la cohesión del departamento. Ten en cuenta que estas chicas han estado muchos años en el sótano.
    No entendí muy bien lo que había querido decir pero me pareció poco profesional preguntar sobre ello en aquel momento.
    -  Bueno, lo inmediato ahora es que redactes la memoria del año, porque tiene que estar terminada en quince días.
    -  ¿Qué memoria? – me atreví, entonces sí, a preguntar.
    -  La anual. La de los proyectos del año pasado.
    -  ¿No lo ha hecho mi predecesora?
    -  Pues… sí, más o menos… estará prácticamente terminada. D… me ha dicho que el borrador lo ha dejado en el cajón de tu mesa junto con toda la documentación que necesitas.
    -  ¿Qué documentación?
    -  La relativa a los proyectos del año pasado. Ten en cuenta que TU TRABAJO CONSISTE EN DOTAR DE CALIDAD AUTÉNTICA A ESTOS PROYECTOS, y para eso es importante ver el progreso anual de las iniciativas.

    Inmediatamente se levantó y me condujo a uno de los dos despachos que había visto a la entrada, en el que sólo había trastos por el suelo, estanterías fuera de su sitio y donde no había mesa de trabajo.
    -  Disculpa el caos – me dijo mi jefe -, es que A… se ha empeñado en ocupar el despacho de al lado, que es más grande.
    Me pareció un poco ridículo que alguien quisiera montar semejante lío sólo por una mesa más grande y un metro cuadrado más, pero entonces recordé mi propia mezquindad al querer abandonar las aulas, que siempre me habían tratado bien, por una mesa para mí sola con su marco de fotos y su vasito de los lápices. Y ya parecía claro que no iba a acostumbrarme a llevar medias a diario, después de años de vaqueros y jerseys básicos de colores.
    Sentí un primer pálpito de arrepentimiento al haber aceptado aquel cometido.
    -  ¿Y dónde está el informe? – pregunté, angustiada al pensar en tener que escribir una memoria sobre algo de lo que no sabía absolutamente nada.
    -  ¿Cuál?
    -  El de los proyectos del año pasado. Se suponía que iba a encontrarlo en mi mesa, pero no hay mesa en el despacho.
    -  Pues… no sé, luego le preguntaré a A… qué ha pasado con el escritorio...
    En ese momento, entró el conserje del turno de mañana con dos operarios que transportaban una mesa gris, con aspecto tristón y sucio. Mi jefe preguntó qué pensaban hacer con aquel mueble.
    - Lo hemos traído del segundo piso, del despacho 20.
    - ¿Y la mesa que había aquí antes? La de D...
    Los operarios se miraron, deseando soltar el artefacto, al que se le estaba saliendo un cajón. El conserje se encogió de hombros.
    - No lo sé, mi compañero del turno de tarde me ha dejado una nota diciendo que los de la mudanza se han llevado muebles al edificio de la calle...
    - ¿Se han llevado nuestros muebles a otra institución?
    Mi jefe parecía indignado.
    - Eso ponía la nota.
    - ¿Y los papeles que había en los cajones?
    - Ah, no sé... eso pregúnteselo a quien estuviera aquí ayer por la tarde.
    Mi jefe se deshizo en disculpas, se llevó al conserje con él a enmendar aquel entuerto, y me dejó sola, con los operarios.
    - Entonces -, me preguntó uno de ellos, que estaba menos rojo que su compañero - ¿le dejamos aquí la mesa, o no?
    Yo me encogí de hombros, sin saber qué contestar.
    - Bueno, se la soltamos aquí de momento, que tenemos que seguir con el curro arriba.
    Soltaron el viejo trasto ministerial en mitad del despacho, se secaron el sudor y se esfumaron por el pasillo.
    Me quedé sola, con aquel tambaleante espacio de trabajo a mi alrededor, y sin dejar de pensar en el paradero de mi informe que, desgraciadamente, nunca pude llegar a leer.
    Al parecer, nadie llegó a encontrar nunca el escritorio que había en mi despacho antes de que yo llegara, y que había pertenecido a D... Tuve que inventarme, literalmente, las vicisitudes de todos los proyectos de becas X en España, durante el año...., lo cual me llevó su tiempo y un increíble esfuerzo de imaginación.
    Durante los doce meses que duró mi colaboración en aquel Organismo Autónomo tuve oportunidad de añorar, como lo habría hecho un expatriado, un exiliado o un condenado al destierro, mi lugar de origen: la escuela. Y nunca, nunca más he vuelto a mirar con ojos despectivos los mapas caídos, las carpetas de notas de mis compañeros, los exámenes y trabajos de los alumnos o la mermelada en la mesa comunitaria de la sala de profesores.

  • Íntimo 27 may 2011 Una llamada en la oficina. “Querría saber el saldo pendiente de la tienda Modern Shop”. Mientras introducía los datos en el ordenador, intento mantener una conversación más o menos distendida con la clienta. Es entonces cuando me comenta, “luego hablaremos de intimidades”. Intimidado -como no- por sus palabras, le comento a mi interlocutora que no es costumbre de la casa, pero que si tienen necesidad podemos hablar de sus problemas. Es entonces cuando siento el deseo de que la tierra se me trague al responder la clienta que, de lo que quiere hablar es de su tienda, Intimidades.
  • Notorious 24 may 2011

    Dicen que la ignorancia es muy atrevida, pero esta anécdota se lleva la palma. Hace unos cuantos años, en las oficinas del laboratorio de análisis para el que trabajaba, recibimos la visita de un señor ya mayor. Traía un paquetito con, según él, varias muestras que había tomado de unos terrenos suyos en el pueblo. El hombre quería saber si podíamos analizarlas porque estaba seguro de que había "unas vetas de mineral" que prometían...

    Avisamos a uno de los analistas. Nuestro visitante estuvo hablando con él unos escasos cinco minutos en el despacho de al lado. Salieron y nuestro compañero le acompañó hasta la puerta principal, haciendo verdaderos esfuerzos para no reirse. Cuando estimó que ya no podía oírle, soltó una larga carcajada. Al parecer, el hombre estaba seguro de que tenía una mina... ¡de acero!.

  • David S. 24 may 2011 Trabajo en una ingeniería de la que, por supuesto, no diré el nombre. Un compañero holandés, Peter, salía un día de una reunión con nuestro presidente, un ilustre ingeniero, catedrático emérito mil veces laureado en su carrera, al que llamaremos Sr. X, cuando éste se le acercó, le miró la cabellera sin disimulo y le preguntó a un directivo que se encontraba junto a ellos: "¿No crees que Peter se está quedando calvo?" Mi buen compañero no supo que responder, y se fue de vacaciones de navidad tratando de achacar semejantes palabras a la senectud de nuestro presidente. Pero, cual fue la sorpresa de nuestro pobre Peter cuando al regresar en enero a la oficina se encontró un regalo sobre su mesa. Era un botecito de esos que contienen las fórmulas magistrales que aún hoy en día algunas farmacias preparan , un frasco de cristal marrón con una etiqueta adhesiva en la que se podía leer un texto manuscrito: "Espero que surta efecto. Con todo el cariño, de tu amigo Sr. X". Efectivamente, nuestro anciano y mil veces loado presidente le había regalado a mi compañero un frasco de crecepelo (con dedicatoria incluída).
  • Tokidoki 20 may 2011 Mi llegada nunca fue aplaudida por esos cuatro hombretones que no me esperaban ni querían. ¡Una mujer!
    Me he encontrado con un jefe misógino que afirma "Me fastidia tanto acertar siempre" con un desparpajo que me sonroja, sugiriendo que" algún día quizá te lleve a un restaurante porque sé que te sabes comportar" (de momento, no como con las manos, no...), con compañeros que van de progres pero, si les dieran poder, serían los más tiranos, con hombres que afirman que el desodorante es malo para la piel y que tienen cocodrilos en el bolsillo a la hora de pagar.
    Me siento un satélite orbitando alrededor de ellos, pequeña y bastante sola.
    Lo peor de todo: a veces, creo que me estoy convirtiendo en peor persona.
  • inés 20 may 2011 Comencéa trabajar en una oficina a los 18 años, fue en una empresa de neumáticos importante . Un día el vendedor se enfermó y no había más personal para atender al público ,el jefe me mandó a mi ,que no entendía absolutamente nada de cubiertas y llantas de coches.Le dije :voy a la guerra con un escarbadientes!!. La cuestión es que mientras esperaba al primer cliente me puse a leer y estudiar algo sobre el tema . Entra un hombre canoso con un coche Honda para alinear ,balancear y comprar las 4 cubierta. Me puse a contarle y a explicarle ventajas de la marca de la que había estado informándome ,lo cual el hombre quedo muy contento y compró lo "mejor para su coche"(que era verdad y es una de las mejores marcas). Al terminar con la alineación y balanceo vino a despedirse ,muy contento por mi atención en agradecimiento me regaló unos vales. Resulto ser el dueño de una cadena de heladerias!!,asi que a la noche con mi autoestima por las nubes me fui a deleitarme con mi premio.
  • Chick 20 may 2011 Era verano y yo llevaba minifalda. Ya al moverme por el despacho me había dado cuenta de que la braguita que me había puesto aquella mañana tenía la goma un poco floja. Pero cuando me dirigía al lavabo, por un largo pasillo bastante transitado con puertas a ambos lados... ¡la goma se rompió! Tuve que correr al lavabo mientras la braguita iba bajando y bajando por los muslos, a pasitos muy cortos y con las piernas apretadas. Llegué a duras penas... ¡y pasé el resto del día en la oficina sin bragas!
  • José Luis 20 may 2011

    Lo más sorprendente que me ha ocurrido a lo largo de toda mi vida laboral se lo debo al error de un compañero de oficina.
    Hace bastantes años trabajaba en una sucursal bancaria, y entre otras muchas cosas, me encargaba del cambio de moneda extranjera.

    Un día, una bella hija del Celeste Imperio entró en la oficina. Un compañero (el que se equivocó), al verla, creyó que deseaba cambiar moneda extranjera y me llamó para que la atendiese. ¡Cuál fue mi sorpresa al comprobar que aquella preciosidad hablaba el español mejor que yo! Además, no deseaba cambiar moneda, sino abrir una cuenta.

    Hoy hace más de 25 años que nos casamos y somos tan felices como el primer día.

  • Joaquín Julio 19 may 2011

    Me he acordado de otro. En una beca de estudios, hay un campo al final donde poner el lugar y la fecha en que se entrega. Algo así como ___, ____ de _____de 2011, pues un alumno puso "Javier hijo de Antonia". Este debio ver muchas veces el señor de los anillos.

    Saludos

  • Filo. 19 may 2011 Recuerdo que hace más de veinte años es la única vez que estuve trabajando en una oficina, de atención al público en mi recién estrenado cargo de Auxiliar de La Benemérita-una especie de servicio profesional castrense relegado para la leyenda, pues dejó de existir temprano-Las personas de la villa acudían por todo tipo de tribulaciones, y si como bisoño me sobrepasaban, las dirigía al negociado de algún compañero Guardia Civil Profesional o a los suboficiales responsables. La oficina tenía todo tipo de adelantos, excepto ordenadores. Es el caso, que por orgullo propio procuraba solucionar todo al primer órdago sin recurrir a nadie y en una ocasión en mi primer año, irrumpieron en El Cuarto de Puertas un chico y una muchacha más joven muy congestionados, a quienes se les veía presa de un sincero terror. A los requerimientos habituales por mi parte ante la Olympiette y los papeles de oficio, el joven me espetó de una forma muy llana que deseaba consejo para actuar debido que a su hermana allí presente ¡¡Le habían echado mal de ojo y era víctima de prácticas de magia negra!! El estupor me dejó anonadado, pues resulta que tanta preparación en materia de ley de caza, tasas fiscales, epizootias y legislación recreativa y resulta que unas personas asustadas requerían mi intervención como exorcista. Tras unos segundos sin hablar y escrutando los ademanes hasta darme cuenta de que aquellos ciudadanos eran macabramente honestos, recapacité y con todo el corazón que pude tras solicitar algunos pormenores del suceso, en lugar de dirigirles a la concatedral de la diócesis para tratar su trauma según los rigores del Ritual Romano, les rogué con encono que solucionaran el rapto mental que estaban padeciendo orando y acudiendo a alguna práctica religiosa propia para descontaminar la influencia de la santera que perjudicaba a su hermana-quien por cierto, seguía confusa en mi presencia-y si no lograran nada, repitieran visita y les daría viático para una entrevista en el obispado. Cuando al fin marcharon tras mi perora, el chaval asió a su hermana del brazo y me dió las gracias más efusivas que me ha dado en mi trayectoria profesional nadie alguandre. Quedó para mi recuerdo además de esta actitud tan gratificante, la mirada esquiva de la chica pero con un punto de esperanza que no tenía cuando había acudido a nuestra comandancia. No les volví a ver, y fueron presagio de los derroteros que iba a tomar en el futuro mi trayectoria profesional; eso sí: alejado para siempre de oficinas y negociados.
  • NORBERTO 19 may 2011 Creo que olvidé poner el e-mail cuando envié mi comentario anterior.
  • Maverick 19 may 2011

    Bueno de oficinas y trabajos, he pasado por varios, mi primera "oficina" era en un almacén de ropa de marca juvenil reconocida por llevar el nombre de un canal musical, yo diseñaba etiquetas y estampados en el almacén del calzado, así que entre clic y clic podía aparecer un vendedor asomado de una puertita de no más de un 1.40 mts de altura preguntándome por un modelo y talla particular de zapatos. Por suerte tenía una ventana, y no era un zulú, aún así no pasó mucho tiempo para que apareciera otra oferta y pasara la página de esta historia.

    Lo siguiente fue en una distribuidora de cine, que no tenía ventana, pero mi ventana era la pantalla del ordenador, igual pasaba mucho tiempo fuera viendo películas para "inspirarme" a la hora de hacer el diseño del material, o para ver si estaba en buen estado las copias. ASí pasaron varios años, protegida bajo el encanto del 7º arte. Pero este paraíso no podía ser perfecto, pues no falta el aguafiestas, en este caso era la recepcionista quien había dedicado los mejores años de su vida a jugar solitario en el ordenador y si su humor lo permitía abrir la puerta. Muchas veces me dejaba esperando fuera, yo sabía que me veía, pues el cristal de la puerta era de estos que vez perfectamente lo que pasa del otro lado, cuando yo me encontraba tan sólo con mi reflejo angustiado. Al entrar y decirle: buenos días!, ella decía:¿qué tienen de buenos?...

    Como el mundo gira y no para, di a parar en un trabajo maratónico, la publicidad, allí estaba como patata brava en tenedor de sol a sol, era como una galera romana, pero en vez del retumbar de un tambor habían los éxitos del momento, cuando me soltaban la cadena del grillete y podía a mi casa para ducharme y ponerme ropa limpia era un despojo, y luego podía cerrar los ojos unos minutos en un taxi antes de volver. Eso no podía durar mucho, no tarde en abrir las alas de par en par.

    Terminé en otro continente, en donde los trabajos ya no eran de oficina, pero no por ello menos anecdóticos. Desde vender souvenirs al frente de la torre Eiffel, que cuando se paraban esos autobuses gigantes cargados de potenciales clientes, mi jefe decía: a vender! así aprendí a no ceder a los regateos de la gente árabe, no ser tan paciente con el detallista ojo oriental, a estar en pie más de 12 horas bajo sol, sombra, lluvia, etc... lo más fuerte fue un día en que yo había trasnochado, estudiaba y tenía 2 trabajos, me exigía demasiado, no había dormido la noche anterior, estaba en un estado de vigilia, organizando las ya organizadas camisetas, entonces escuché un grito colectivo, pensé que era un grupo de chicas que saltaban para una foto el la que se ve la torre al fondo, o algo así, pero luego el sonido de las sirenas y la gente con cara de acontecimiento me hizo pensar que algo no iba bien. Chicas se refugiaban en el pecho de sus novios, otros corrían alejándose de la torre... al final alguien nos contó que una chica había saltado desde lo alto. Sentí un bajón... mi jefe dijo: se estropearon las ventas de hoy, por lo menos 3 horas!; yo cerré los ojos pedí por la familia de esa persona, por que tuvieran fortaleza para sobrellevar lo que faltaba. Ya la torre no volvió a ser lo que alguna vez fue para mi, lo que es para muchos en el mundo.

    He vendido pan, mi oficina era la tienda que más vende pan en Francia, entendí perfectamente lo que significa: "venderse como pan caliente". Entraba a trabajar a las 7, incluso los domingos -muchos sábados salía de fiesta para darle una alegría al cuerpo- así que estaba hecha guiñapo, pero cumplía. Alguna vez una cliente llegó a reclamar pues había encontrado media cucaracha en su comida (si, teníamos una plaga), ¿dónde estaba la otra media?. alguna vez tuve un ratón escalado por el cable de la caja registradora para luego saltar en un acto intrépido dentro de una canasta llena de panecillos de cereales. Le vendí el pan del desayuno a gente famosa sin darme ni cuenta, en fin, otra experiencia más a la lista.

    Otra vez abrí las alas y viajé en búsqueda de más anécdotas, terminé en una oficina, de hombres de camisa y mujeres perfumadas. Había envidias, y era un poco novela todo, ya había yo creado una resistencia a toda clase de impertinencias, era algo así como un laboratorio, pero no sabían en que sitio ponerme, por suerte no había un almacén de zapatos, pero me pusieron al lado de un aparato que tenía una bomba que palpitaba constantemente, un marcapasos de una máquina gigante que al apagarse ya sabía yo que era momento de volver a casa.

    Oficina? planeta tierra, una nave espacial sobrecargada de seres quienes puede cada uno ser considerado un universo. Así somos, queriendo dejar una huella de nuestras vivencias, tengo pendientes ver las que se plasmaron el las paredes de la cueva de Altamira hace miles de años.

  • Marta 19 may 2011 Un día, al abrir la caja fuerte de la oficina, no se por qué pero puse en la combinación mi pin del móvil. No se abrió, claro. Y al ver que la puerta estaba bloqueada me di cuenta de mi absurdo error. ¿En qué estaría pensando? Nos reímos todo el día.
  • molinos 19 may 2011

    Los "libros de colores" donde curro da para mil anécdotas..aunque la mejor creo que es cuando nos enzarzamos en una espiral de correos sin fin para decidir que se hacía con el dinero común que habíamos ganado jugando a la primitiva.

    Es un poco largo para un comment..pero si vale..lo conté aqui. http://molinos1282.blogspot.com/200...

  • ainapol 19 may 2011 Comencé en la oficina actual hace casi tres años. La primera semana la jefa estaba enferma y la que le seguía en la escala de mando ni me dirigió la palabra. Tras varios días de estar sin hacer nada, ya que no me habían encomendado ninguna tarea, estallé. Una de mis compañeras me debió de ver tan fuera de mí que se dirigió al despacho de la jefa y le dijo: "O le das trabajo a la nueva o saltará por la ventana" (Estamos en un sexto piso). Ahora tengo más trabajo del que necesito.
  • el furtivo 19 may 2011 A mi me parece increíble que se pueda escribir un buen libro con aportaciones espontáneas de gente ociosa, como yo que, por creer en la diosa fortuna, participa en esta divertida convocatoria con una fe que para sí quisieran muchos creyentes. Por supuesto que esto lo hago porque no me ve el jefe; si mi mujer me viera haciendo el canelo así... es que ni me lo imagino. Chao chicos. Sois unos "artistas-asteorideos" increíbles. El furtivo.
  • Encarna 19 may 2011

    En medio de una entrevista para un puesto de trabajo, cuando estamos hablando de mis futuras funciones, entran unos geos en la oficina porque tenían que inspeccionar la terraza ya que al día siguiente venía el Príncipe Felipe de Borbón a hacer una visita al edificio.

    Continuamos hablando y realizando la entrevista sin que el entrevistador se inmutara. Los geos, uniformados con trajes militares, pasamontañas, metralletas, entraban y salían mientras yo detallaba mi currículum...

    Pensé que solo por esa anécdota me contrarían. Y así fue.

  • José M. 18 may 2011

    Soy economista, o mejor, me licencié en Ciencias Económicas. No le veo el mérito, la carrera me la pagaron mis padres, y si soy suficientemente inteligente, será genético, volvemos a los padres. Vamos, que pienso que uno no debe presumir de según qué. Uno presume de unos abdominales marmóreos si se ha machado en un gimasio en el poco tiempo libre que tiene o de cultura espantosa, que para eso lees libros buenos en vez de ver realities, digo yo.

    Después de trabajar de cerca durante varios años con un compañero y al enterarme de su marcha de la empresa en busca de cambios, ver más mundo, ampliar el horizonte laboral o como dicen por ahí : new challenges y tal , le pido consejo sobre cómo hacer un buen curriculum.

    Contesta que no me preocupe que curro bien, que soy responsable , eficiente, y buen compañero y añade pero miente; miente tío. ¿Qué mienta? Si, di que tienes estudios superiores. Pero si he tengo un Master, no tengo que mentir.

    Silencio mortal.

    Quizá ya no soy tan eficiente al fin y al cabo. Mejor me habría callado.

  • ¿? 18 may 2011 El mundo de la empresa es un mundo de locos. Tengo 58 años, a los 51 años me despidieron de una empresa en la que llevaba más de 30 años trabajando. El motivo era que yo tenía un salario muy alto y que no podían mantener el costo que yo representaba, pero eso sí, me pagaron por adelantado el salario de 3 años y medio sin trabajar. Al día siguiente de firmar el finiquito entré a trabajar en otra del mismo grupo empresarial, en la que todavía sigo. Dándose el caso, además, que a petición de la nueva empresa, los que me despidieron informaron favorablemente sobre mi profesionalidad. Otro día, unos meses después, me encontré al presidente del grupo en una reunión en la nueva empresa y me preguntó si yo estaba allí por un traslado interno entre empresas del grupo, le dije que no y le expliqué el caso. Entonces me preguntó porque no le había llamado antes y yo le contesté que, si le hubiera llamado diciéndole que querían despedirme, probablemente, me hubiera quedado sin indemnización y estaría exactamente como estaba en aquel momento, pero sin el finiquito.
    El hombre se lo tomó bien y cuando volvemos a vernos siempre me recuerda que soy un caso único.. y yo también.
  • Tio Pep 18 may 2011

    Trabajaba en una biblioteca universitaria. Habíamos instalado hacía poco un sistema electrónico para evitar los hurtos y yo, el auxiliar de préstamo, era un celoso guardián de mis dominios, sobretodo por las tardes, cuando me quedaba solo.

    No hubo robos, más bien se trataba de descuidos: los estudiantes solían guardar irreflexivamente el libro de consulta magnetizado dentro de su mochila, como hacían con sus apuntes, y, inesperadamente, se activaba el sistema de detección. Puesto que el mostrador de préstamo estaba muy alejado de la salida, no me quedaba más remedio que saltarlo y echar a correr destrás del infractor quien, por supuesto, ya se encontraba demasiado alejado de la puerta cuando yo llegaba. Era todo muy cómico y un poco paradójico puesto que siempre habíamos insistido en la necesidad de mantener el silencio.

  • juanrio 18 may 2011 Entré a trabajar en una gran empresa en el turno de noche, en mi primera noche de trabajo, y cuando estaba aprendiendo a manejar el equipo informático, prehistórico en aquel momento, junto a un par de compañeros, apareció uno de los guardias de seguridad y entre risas preguntó que si esa noche no íbamos a tomarnos unos cubatas y jugar unas cartas. Yo pensé que se trataba de una broma hasta que una hora después mis compañeros me dijeron que fuera con ellos a comprar y nos hicimos con una botella de ginebra y otra de limón. Volvimos a la oficina, avisamos al de seguridad y los cinco que estábamos allí estuvimos jugando a las cartas y bebiendo hasta las 6 de la mañana; una hora después llegó el relevo y comenzó la normalidad en aquella oficina. Eso ocurrió todas las noches durante los tres meses en los que estuve en el turno de noche.
  • NORBERTO 18 may 2011 Lo más extraño que me ha sucedido es que, en mis primeros tiempos como ingeniero de fábrica, pidió verme uno de los obreros de la misma para comunicarme que (titubeos)......................no cumplía con su mujer (sic) y que lo mismo les ocurría a los demás compañeros que trabajaban en la misma máquina a causa, según ellos pensaban, de la electricidad estática que rodeaba a la misma.
    Pensando que se trataba de un problema psicológico, le contesté que ibamos a facilitarles a todos un palo de madera para que tocaran la susodicha máquina de cuando en cuando. Hecho esto todos mejoraron y sigueron disfrutando de sus coyundas matrimoniales.
    (La gracia estriba en que, como casi todo el mundo sabe, la madera no conduce la electricidad, por lo que mi solución era -desde el punto de vista técnico- un perfecto disparate. ¡Ah los milagros de la mente!
  • Isole 18 may 2011 Lo más insólito que me ha pasado ha sido trabajar para una gran editorial y que mi propio jefe me dijera, literalmente: «Isole (inventado), a ver si levantas un poco la mano», refiriéndose a las correcciones que había hecho en el texto del manual de apenas 8 páginas maquetadas que tenía entre mis manos. Me quedé a cuadros. «No corrijas tanto, esto tiene que salir ya; quita algunas.» A lo que contesté: «No puedo quitar “algunas”; son todo errores». Y como yo seguía en mis trece, le dije que tomara él la decisión. Me rodeó los cambios que él consideró «prescindibles» y me pidió que le pasara el texto al maquetador. Volví a mi mesa, y cuando el jefe se hubo marchado, llamé al maquetador y le dije: «Pepito (inventado), pásame la maqueta de este manual, que meteré yo las correcciones».
  • Joaquín Julio 18 may 2011

    Yo tengo poca gracia para contar las cosas, pero bueno ahí va:

    En una matrícula (trabajo en una universidad), una madre se sienta y me dice: Vengo a matricular a mi manolito. Manolito era un zagal de metro noventa, barbado y parapetado bajo una visera, rojo de vergüenza. La matrícula resulto un atentico desatino.

    Otro me comentó que estaba muy contengo con sus prácticas, pues tenia que tomar decisiones "gástricas" y le habían "ensañado" mucho.

    Saludos

  • Encarna 18 may 2011

    Enmedio de una entrevista para un puesto de trabajo, cuando estamos hablando de mis futuras funciones, entran unos geos en la oficina porque tenían que inspeccionar la terraza ya que al día siguiente venía el Príncipe Felipe de Borbón a hacer una visita al edificio.

    Continuamos hablando y realizando la entrevista sin que el entrevistador se inmutara. Los geos, uniformados con trajes militares, pasamontañas, metralletas, entraban y salían mientras yo detallaba mi currículum...

    Pensé que solo por esa anécdota me contrarían. Y así fue.

  • María 18 may 2011 A mí lo más alucinante que me ha ocurrido en una oficina ha sido ser contratada para trabajar en una por el hecho de ser virgo... Sí, sí, por el signo del zodiaco. El entrevistador, que según me confesó también era virgo -y aficionado a la astrología, me figuro yo-, me explicó que las características de mi horóscopo eran las adecuadas para el puesto de trabajo que tenían que cubrir (auxiliar administrativo), por lo que si me interesaba era mío. Así que, ya sabéis, cuando hagáis el CV no olvidéis incluir el signo zodiacal, que para algunas personas es un factor determinante...
    Saludos ;-)
  • H 18 may 2011

    Lo más increíble que me ha pasado en la oficina ha sido:

    Estar viendo cómo semana tras semana los responsables de mi desempeño laboral no hacían más que exigir más y más tareas, peticiones que eran devueltas con una negativa. En una de esas tantas ocasiones en las que tenía la posibilidad de hablar con uno de ellos de las distintas necesidades de la empresa, vino alguien desconocido, era la primera vez que lo veía y le conté mi opinión al respecto no sólo sobre su petición sino además de la política de la empresa, por no hablar de lo absurdo que me parecía todo, la rabia que me daba que exigiesen tareas que no se correspondían con mi categoría profesional, la que figuraba en ese momento en mi contrato, le hize saber lo que pensaba de mis responsables tanto inmediatos como los más superiores, incluidos esos grandes jefes que están en no se cual limbo empresarial y al que solo has atisbado una vez en un correo que te llegó reenviado, en respuesta a otro reenviado y respondido un par de veces más en el que sólo se lee al final del todo una firma con el nombre y el teléfono de contacto y un escueto -"por favor, revisad esto".
    Bien, pues esa cara nueva era uno de esos dioses que anidan en el cual limbo y que se había personado como por arte de magia para escuchar en primera persona los motivos de mis negativas.
    Ni siquiera me sorprendí mucho cuando dijo su nombre, el silencio apareció entre nosotros y se instaló un buen rato, reconozco que incluso me puse nervioso, para ser realmente honesto nerviosísimo...

    ¿Y luego... qué paso?

    Se puso de pie y dijo:

    - "Cuando venga "fulanito" escucha bien lo que tiene que decirte, te va a proponer algo".

    Ahora estoy en el cual limbo.

  • Loder 18 may 2011 No se me olvidará el día que llegó un anciano a mi oficina y me preguntó que si esto era una casa de citas, no sé que me impactó más si su confusión o que con su edad se plantease esa opción...
  • varo 18 may 2011

    Tengo poca experiencia en el trabajo de oficina. Mi vida laboral se ha desarrollado más a menudo en espacios abiertos o en fábricas. Lo mío con las oficinas es más bien tangencial: el lugar donde reside el enemigo.

    El esquema se repite en distintos lugares de mi experiencia. La fábrica sucia y la oficina es un cuarto hecho a base de pladur o de aglomerado acristalado con un ordenador y dos impresoras y algunas sillas y que trata de funcionar como un panóptico decimonónico. El lugar desde donde el encargado pueda vernos a todos. Tenernos controlados.

    En las fábricas donde hay madera o cartón o según qué materiales, se extiende por el lugar una pátina de mierda imposible (o que da la sensación de ser imposible) de limpiar. Se extiende rápidamente sobre ti, mientras te pones las botas de seguridad en el vestuario, y a veces no se te quita ni con la ducha de final de turno. El caso es que en la oficina esa pátina de mierda parece aún más gruesa e indeleble, un efecto muy extraño, dado que es el lugar que más se limpia de todos, lo que seguramente sitúa la pátina mentada en algún plano filosófico-existencial de la mierda. Sin que ello impida que de vez en cuando te rasques el pelo al salir del trabajo en el tren o en el metro y se te llene el libro prestado de carbonilla o polvo. Digamos, si queremos decirlo, que es "mierda de existencia doble".

    Pero hablábamos de oficinas. Allí viven los encargados, los inspectores de calidad (subespecie despreciable), y por allí pasamos todos los demás. La oficina está cargada de sueño y desasosiego y, en según qué sitios y por abundar en el tópico que acompaña todo el texto, de posters de mujeres desnudas. Hay un odio implícito, un sentimiento claro de desprecio que vive constante en ti como la pátina de antes y que se recrudece en el acto de cruzar la puerta del cuartucho. Es evidente que eres un preso de confianza a punto de hablar con un carcelero oficinista. Le odias, las más de las veces sin saber por qué, las otras tienes razones inventadas o reales para hacerlo. Yo creo que él, como encargado (aquí vendría bien una actualización del dicho: cocinero antes que fraile, pero no se me ocurre ninguna, así que "cocinero antes que fraile") sabe o intuye que le odias y quizás te odie preventivamente. Le pides ayuda o consulta o algo, haces un chiste; él te da la ayuda o te explica la consulta o algo, responde al chiste, sonreís rechinando los dientes. Vuelves a tu tarea repetitiva de ocho horas. Salir de la oficina siempre es una liberación, el aire está menos viciado fuera.

    Existen, claro, otras oficinas, suelen estar en un piso de arriba o en un edificio anexo. Ajenas, no saben nada de ti, se encargan de pagarte y, muchas veces, de decidir si seguirás trabajando allí mañana. Son como Dios en las afueras. Allí se habla catalán.