La prensa dice

28 abr
2009

Bienvenido al club, Mr. Lopate, por Luis Matías López

Sorprende saber que el norteamericano Phillip Lopate lleva más de 20 años sin escribir ficción. Y no sólo por el buen sabor de boca que dejó con El mercader de alfombras (Libros del Asteroide, 2007). También porque con Segundo matrimonio (que repite sello) vuelve a demostrar que merece el mismo crédito (si no más) como autor de ficción que como el ganado como ensayista.

En EEUU, Segundo matrimonio se ha publicado junto a El matrimonio del estoico, en un solo volumen. Luis Miguel Solano, editor de Asteroide, explica que en España el formato de novela corta funciona mejor y que Lopate no puso objeciones al desmontaje. «Más adelante», asegura Solano, «publicaremos El matrimonio del estoico y también un volumen con una antología de ensayos autobiográficos».

Aunque la temática de Segundo matrimonio sea muy diferente a la de El mercader de alfombras, hay algo, además del estilo, que las emparenta: ambas destilan realidad. Resulta especialmente visible en la descripción de una cena en la primera y una comida en la segunda. En Segundo matrimonio se describe la llegada de los invitados, la forma en la que son recibidos con cuidadosa informalidad por la pareja anfitriona, cómo se van integrando en el grupo y lo animan con una norma implícita pero inexorable: no abrir la boca si no es para decir algo que merezca la pena. En El mercader de alfombras, el ágape, organizado por la madre del protagonista para homenajear a un millonario zoroástrico indio, huele por los cuatro costados al mejor Chéjov.

Segundo matrimonio presenta una estructura teatral clásica. Con planteamiento: dos neoyorquinos de mediana edad, profesionales de éxito, que se esfuerzan por que su segunda experiencia conyugal no termine en el desastre de la primera. Con nudo: la cena en la que de manera sutil, se vislumbran algunas amenazas. Y el desenlace: la conversación posterior de la pareja, que desenmascara toda una «dieta de mentiras» y evoca el desastre.

Escritor único

El mercader de alfombras sería más difícil de representar sobre un escenario y transcurre entre dos ejes. Uno, sorprendente al ser Lopate judío, desentraña las claves de la religión zoroástrica, que apenas tiene 100.000 adeptos, fundamentalmente en Irán e India. El otro, la apatía del protagonista, que recuerda a la de El extranjero de Camus, y que le hace preferir que la vida le pase por delante antes que vivirla él mismo.

Lopate encaja en la tarea que se ha impuesto Libros de Asteroide y que debe ser alentada: el descubrimiento o rescate de grandes autores casi desconocidos en España y que tienen en común una prosa limpia, sencilla y transparente que, por encima de todo, convierte la lectura en un placer. Baste con tres ejemplos, entre muchos más: Robertson Davies, William Maxwell y Nancy Mitford. Bienvenido al club, Mr. Lopate.

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