La prensa dice

4 dic
2010

Artículo sobre "El rector de Justin" en El Norte de Castilla

Escuela y poder

Por Luis Marigómez

La formación de la elite económica norteamericana es un tema poco habitual en su narrativa. Tiene unas peculiaridades sorprendentes para los europeos. «Porque nuestra aristocracia es el mundo de los negocios». Su corta historia, sus raíces religiosas y su vocación mesiánica los hace singulares.

Louis Auchincloss (1917, 2010) es autor de otro buen puñado de libros, en los que disecciona los modos de la clase que dirige Estados Unidos, a la que pertenecía. Se le relaciona con Henry James y Edith Wharton, quizá porque comparte con ellos el tema básico de su obra y porque escribió sendos libros sobre ellos. En realidad, como corresponde a un autor de primera fila, tiene un estilo propio. Su lenguaje es preciso, sin adornos que lo difuminen. No le interesan las ambigüedades que caracterizan a James. La ironía, que lo asemejaría a Wharton, está muy controlada y solo algunos personajes la utilizan, siempre sujeta a las necesidades del relato y a la forma de ser de quien habla.

Publicó ’El rector de Justin’ en 1964, en la mitad de una larga carrera literaria. Elabora el retrato del héroe que menciona el título desde distintos puntos de vista, expuestos por diferentes sujetos, a través de un tiempo largo, desde su niñez, después de la guerra de secesión, hasta 1946, en que acaece su muerte. El relato lo unifica Brian, un joven meapilas con vocación sacerdotal que empieza a dar clases en un famoso internado para adolescentes ricos, futuros alumnos de la universidad de Harvard. Esta alma cándida se encuentra con los últimos años de un tipo singular, paternalista, como corresponde a su oficio, dedicado por completo a la institución que fundó, espartano, estricto, pero capaz de dialogar con los infractores de sus normas, inteligente, con más dobleces de los que aparecen en una primera mirada. Francis Prescott es una roca enigmática que se analiza a lo largo del libro, y con ella los tiempos que le rodean desde el último tercio del s. XIX hasta el final de la Segunda guerra mundial.

El contexto es muy puritano, pero hay vías de escape. El rector no ha sido solo ni siempre la máxima autoridad de un internado. Brian recibe textos de diferentes personajes muy cercanos a Prescott en distintos momentos de su vida. Estos narradores sitúan al héroe en entornos variados, en su época de formación, en Oxford, con crisis de fe incluida, en París en busca de su hija descarriada..., lo vemos como empleado en una compañía de ferrocarriles cortejando a damas importantes hasta que decide su objetivo, su misión en la vida, encauzar los espíritus de esos cachorros de millonarios. Lo que para él termina siendo una decepción habitual, «Con todo mi énfasis en las Humanidades y el suyo en Dios, los dos no hacemos más que formar agentes de bolsa», a las familias les parece perfecta esa educación: «La mayor parte de los padres preferiría ver a sus hijos muertos que cultos o devotos. Elogian nuestros esfuerzos, pero aún más nuestros fracasos».

Algunos estudiantes no aceptan la disciplina y llegan a la vergüenza de la expulsión de Justin. El mundo de afuera es muy distinto y cada vez es más difícil manejar esas diferencias. Estas instituciones, que están tan cerca del corazón de los WASP que siempre han dirigido el rumbo del país, resultan, como poco, paradójicas: «Siempre he pensado que un colegio religioso es una contradicción en sí mismo. ¿Cómo es posible envasar y vender la religión a los privilegiados y los elegidos?». La relación literaria más clara de la novela es con ’El rey Lear’, de Shakespeare. Incluso una hija de Prescott se llama Cordelia. El fundador del colegio se retira, pero mantiene un contacto estrecho con la institución. Los tiempos cambian y la nueva dirección toma decisiones impensables poco antes. Hay un conato de rebelión en el patronato, pero el poder ya es irrecuperable. Es el momento de morir, y convertirse en leyenda. En la segunda mitad del siglo XX no hay sitio para hombres así.

El Norte de Castilla